Me enamoré de las ganas de vivir de Loulou

En la desierta playa de Achla en Ándros, en las Cícladas deja Loulou descansar los ojos en el horizonte del mar. Cantos de pájaros, balidos de corderos y susurros de la naturaleza son la alfombra melódica que llena las pausas cuando cuenta sobre cómo puso el pie en tierra, frenó de golpe y cambió la dirección de viaje en la vida, tan sólo con 32 años de edad.

achla

Louise Ullmark comenzó a trabajar como 22 añera en la industria de la publicidad en París, Nueva York, Londres y se convirtió en directora de marketing global en una de las empresas más grandes del mundo. Reuniones con clientes por todo el mundo, 15 horas de trabajo al día, siete días a la semana. El despertador de Loulou sonaba a menudo a las cuatro de la madrugada para reuniones en Suiza, viaje de regreso el mismo día para reuniones telefónicas transatlánticas por la noche y luego llamar a Asia a las tres de la mañana para sincronizar las zonas horarias.

Durante cinco años en Nueva York tuvo 10 días de vacaciones al año. En Europa fueron 20, pero la cultura empresarial daba a menudo a los que tomaban vacaciones sentimientos de culpabilidad porque dejaban a los compañeros de trabajo en la estacada. Un día de ‘midsommar’ esperaron sus invitados a la cena en vano porque tuvo que trabajar hasta tarde. Las misiones se convirtieron en más, mientras sus amigos se convirtieron en menos.

“Mi jefe acostumbraba enviarme correos electrónicos a media noche. ‘Se metió en la pared’ (forma que expresan en Suecia cuando las ‘víctimas de agotamiento’/depresión ya no pueden más y se dan de baja laboral por enfermedad) tres veces en cuatro años. Me volví estresada y enojada y la vida iba con autopiloto sin que notara las estaciones del año. En el distrito financiero de Londres me movía como un robot en un mar de trajes azules de bancos. Los últimos cinco años pasaron tan rápido que ni siquiera recuerdo lo que pasó. Yo ya no sonreía, dice ella y se ríe.”

“Un día fui a donde el jefe y le pedí excedencia laboral voluntaria durante nueve meses para volver a mi mejor yo. Yo quería invertir en mi salud y dar de vuelta para obtener una perspectiva sobre mi propia vida.”

Ella acompañó un viaje en barco de vela a través del Atlántico. Un mes a bordo sin teléfono ni internet, con seis extraños. De 300 correos electrónicos al día, un montón de reuniones y llamadas al silencio en la inmensidad azul.

Amansala Bikini Boot Camp, Tulum, Mexico

Nos encontramos por primera vez en un Boot Camp en Tulum, México. Me enamoré de las ganas de vivir de Loulou y burbujeante alegría contagiosa. Luego se fue a San Miguel de Allende en México, donde curró como voluntaria durante nueve semanas en un centro diurno de huérfanos e hijos de madres solteras pobres. Con lágrimas en los ojos cuenta sobre niños que viven en un frigorífico en una vieja fábrica de carne sin ventanas, ducha ni retrete. Niños que son tan delgados que tienen moraduras por todo la espalda porque duermen sobre piso de hormigón. Niños que vienen a casa a un padre que se ha suicidado y una madre llorando llena de moraduras por hostias recibidas. En medio de toda la miseria encuentra Loulou de vuelta a su propia alegría de vivir. “Yo no era yo antes”, dice Loulou que ha decidido abandonar la carrera de publicidad y en su lugar trabajar para dar a la gente alegría.

A veces hay que tomar desvíos por el mundo para encontrar el acceso directo a su propio corazón. [Alexandra Pascalidou/Jag blev kär i Loulous livslust – Metro]

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*