‘Invasión’ de indigentes y locos en el centro capitalino

indigente-2Aunque tienen derecho a la libre locomoción, como cualquier persona, decenas de indigentes y personas trastornadas que deambulan por el centro de la capital sufren el desprecio de gran parte de la población, ya que no hay instituciones u organizaciones que les ayuden o acojan para evitar que su presencia sea de riesgo o altere la normalidad de la vida cotidiana.

La falta de recursos obliga a algunas personas que deambulan por el centro capitalino a “rebuscarse” entre la basura, ya sea algo que comer o vender.

Ellos se confunden entre la población que camina por las calles y avenidas del casco histórico de Tegucigalpa, donde algunos a su paso hasta dejan una estela de olores nauseabundos porque no tienen acceso a asearse, a falta de una morada y duermen donde “les agarra la noche”.

Hace unos 20 años este segmento de la población se había ahuyentado de las zonas públicas de la capital, pero ha reaparecido con nuevas generaciones, a quienes la vida ha orillado a subsistir en ese mundo de la mendicidad.

Cada día hay más personas que van cayendo en este círculo, y lo lamentable es que también figuran madres y niños que amanecen durmiendo sobre pedazos de cartones en puentes y aceras de los negocios, y aunque no hay estadísticas de cuántos sufren esta realidad, se presume que las cifras pueden ser alarmantes.

Entre ellas hay hombres y mujeres que visten ropa estrafalaria y “juca”, hecha girones, y deambulan por las calles del casco histórico capitalino, causando asombro entre los peatones que se apartan cuando los ven de frente porque temen que los agredan, además que ni soportan el mal olor que emanan.

En esas “calles de Dios” se conjugan diferentes tipos de menesterosos. Hay personas de extrema pobreza, otras con problemas mentales, incluyendo a drogadictos, “resistoleros” y enfermos alcohólicos.

Ante la indiferencia de los adultos para ayudar a las personas indigentes, los niños muchas veces dan ejemplo de solidaridad.

Algunos por sus mismo problemas se han tenido que marchar de la casa de su familia, mientras que otros han sido abandonados por sus seres queridos y ahora están completamente descuidados por las autoridades, entre ellos la Secretaría de Salud, alcaldía, el Instituto Hondureño contra el Alcoholismo, la Drogadicción y la Farmacodependencia (Ihadfa), el Instituto Hondureño de la Niñez y la Familia (Ihadfa), en el caso de los menores, como también muchas Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que pregonan trabajar a nombre de los indigentes o desamparados.

 TegucigalpaTegucigalpa

ALGUNOS CASOS

Cierta gente que sufre esta lamentable situación luce pedazos de ropa rota, enseñando sus partes íntimas, y algunos hasta andana con barba y el cabello crecido llenos de ácaros. Aunque algunos no son agresivos, son víctimas de fastidiosos que los molestan y los hacen reaccionar de forma violenta, razón por la cual son capturados por la policía que, a veces, debe utilizar la fuerza bruta para dominarlos.

Una vez detenidos y hasta sangrando por las heridas que les causan los agentes de seguridad, son trasladados a centros asistenciales atados de pies y manos en las “pailas” de las patrullas policiales. Uno de estos indigentes que vaga por los alrededores del edificio de la Dirección Ejecutiva de Ingresos (DEI), quien dijo llamarse “Pío”, de unos 35 años, en su estado de inconsciencia, manifestó que anda buscando a un hermano que se le perdió.

Adultos, jóvenes y menores pernoctan en las esquinas o aceras a falta de un lugar dónde vivir.

“Yo ando buscando a mi hermano Pedro el mayor que se me perdió por aquí y no lo encuentro, pero cuando yo lo halle me voy a ir para El Paraíso, a la casa de mi abuela, pero hasta que lleve a mi hermano”, expresó con la mirada perdida al cielo.

Con su cabellera larga y la barba llena de pedazos de hojas secas porque posiblemente donde duerme es bastante sucio, el hombre recorre los alrededores del Parque Central con sus pies callosos y curtidos del sucio.

SE LE QUEMÓ CASA

Asimismo, LA TRIBUNA dialogó con un joven de unos 25 años que también engrosa el ejército de indigentes y “locos”. El deambula por las calles de los antiguos cines Aries y Tauro, en la zona del parque “Finlay”, en la subida al barrio Casamata, en los alrededores de El Guanacaste.

“Pochi”, como dijo llamarse, luce barba y cabello largo, viste un pantalón roto que se sostiene de la cintura con una “cabuya”, y carga un costal repleto de latas viejas.

Manifestó que anda deambulando porque su casa se le quemó cuando vivía con su madre en la colonia La Sosa, en Tegucigalpa. […] [www.latribuna.hn/“Invasión” de indigentes y locos en el centro capitalino]

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*