Gorda, guapa y orgullosa

La modelo Crystal Renn cuenta en unas memorias su calvario como modelo

Llegaron a sugerirle que perdiera el 33% de su peso

crystal-rennResulta que no todo son ‘katemosses’ y tobillos finos en la pasarela. Ahora que se acerca la operación biquini, es de agradecer que modelos entraditas en carnes hagan caja gracias a su generosa figura. Mujeres que prefieren prestar su imagen a Dove o Special K en vez de sacrificarla por las grandes ‘maisons’.

La mejor pagada hoy por hoy es Crystal Renn, una maniquí ‘oversize’ que ha pasado lo suyo por remar en la cresta de la ola. Tiene 24 años, no faltan trastornos alimentarios en su currículum, pero puede presumir de haber conseguido lo que quería: triunfar en el gremio o, lo que es lo mismo, desfilar para Jean Paul Gaultier o llevarse alguna portada de ”Vogue’ y ‘Harpers Bazaar’, que no es poco.

Oronda y oriunda de Miami, Crystal, cuya talla oscila entre una 42 y una 46, ha escrito un libro titulado ‘Hambrienta’ donde narra su camino hacia el éxito chuletón a chuletón, tiramisú a tiramisú. En él relata los problemas de relación que aún mantiene con su madre (con episodios de adicciones, ruina económica y abandono; vamos, una joyita) y su sensación de eterna castigada sin postre en aquellos tiempos en los que pretendía alcanzar el cielo de las ‘tops’.

Crystal también cuenta las barbaridades que le llegaron a sugerir sus representantes, como perder el peso equivalente a un tercio de su cuerpo; en definitiva, renunciar a un buen potaje ‘forever and ever’.

Las modelos sufrimos el estereotipo de que nuestro cerebro está muerto. Simplemente estamos muertas de hambre“, ha dicho. Ahí es nada.

De los 14 a los 17 años Crystal Renn se sumergió en el infierno de los diuréticos, de las visitas compulsivas al gimnasio, de los exhaustivos exámenes a los que sometía su cuerpo cada noche frente al espejo. Tenía auténtico pánico a engordar en la misma medida que fantaseaba con tener una familia feliz.

Hasta que no fichó con Ford, la agencia especializada en modelos de tallas XXL, no pudo salir de la pesadilla: “Cada kilo de más era un descubrimiento. Comía mantequilla de cacahuete, pizza, chocolate… Era maravilloso, como estar en el cielo. Mi cuerpo volvió a su peso y yo a sentirme mujer”. […] [Beatriz Miranda |www.elmundo.es/Gorda, guapa y orgullosa]

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