“¡Viajar en bici es lo más barato que existe!”

En cuatro años cruzó siete desiertos (Australia, Atacama, Mojabe, Namib, Kalahari, Gobi y Sáhara) a solas con su bici

Cruzó en bici y a solas siete de los mayores desiertos del planeta: Australia, Atacama, Mojabe, Namib, Kalahari, Gobi y Sáhara. Es periodista de formación y apasionado de la fotografía, pero con lo que de verdad se lo pasa en grande Sergio Fernández Tolosa (Barcelona, 1974) es pedaleando por el mundo. Por eso lo hace, asegura, y evita fijarse metas kilométricas ni fechas de llegada para que el trayecto fluya lo más natural posible. Su próxima ilusión es recorrer los Andes con Amelia Herrero (Madrid, 1981), dentro del nuevo proyecto paraguas ‘Más allá de las cumbres’. Este jueves 17 de febrero, a las 19 horas, acudirá al CIAJ de Barcelona para relatar sus periplos.

¿Nació con una bici bajo el brazo o se enamoró de ella de mayor?
¡Qué va, hasta los 16 años sólo hice natación de competición! Me aficioné a salir en bici a partir de los 16, con un vecino de Sant Antoni de Calonge, el pueblo donde pasaba los veranos. También me impresionó una historia que leí en una revista de bicicletas: la del Capitán Pedales [Juanjo Alonso Checha], un chico que había dado la vuelta al mundo en bici. Yo tenía sed de libertad y quería ver mundo, así que pensé: ¡En bici sería fantástico! Pedí dinero a mi padre y me compré una. A los 17 hice mi primer viaje solo, al Pirineo. Fue endorfina pura, veía la nieve o un pequeño salto de agua y ya flipaba. ¡Si es que apenas había salido de la piscina!

De escaparse al Pirineo a cruzar desiertos lejanos hay un buen trecho. ¿Qué pasó en medio?
Hasta los 27 compaginé los viajes en bici con la licenciatura y el trabajo en revistas de deportes outdoor. Viajaba en verano con los ahorros que reunía y recorrí Irlanda, Islandia, el sur de Francia y la Península ibérica. Era muy barato. Dormía en cualquier sitio, sobre el suelo, y comía lo que compraba en supermercados. Pero quería viajar más lejos y pensé en hacer sin prisas los siete desiertos, ya que siempre me habían fascinado. Además, vestirlo con una unidad temática da pie a vender reportajes a los medios y buscar algún patrocinio, al menos para pagarte los billetes de avión, que es lo más caro. En cuatro años (2003-2007) recorrí los siete, unos 30.000 kilómetros en total.

¿Por qué desiertos y no selvas, sierras, islas o glaciares?
Lo tenía muy idealizado desde pequeño. No tenemos ninguno grande cerca y cuando fui por primera vez al Sáhara me atrapó. Estuve tres o cuatro días en el desierto de Túnez y vi sólo el inicio, las primeras dunas y hamadas. Sentí que el desierto me llamaba a entrar más. Pero no podía porque había las fronteras con Argelia y Libia, que no se pueden cruzar y son peligrosas. Fue como la gente que ve una cima y siente que tiene que subirla, sólo que a mi me tira más cruzar territorios, explorarlos y ver qué hay al otro lado.

En su web afirma que los dos principales handicaps de la bici frente al coche son en realidad sus ventajas: ir más lento y depender de los demás. […] [Meritxell M. Pauné / lavanguardia.es]

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