Ándate con cuidado Putin

Todo había terminado, y muchos – también yo – sollozábamos y llorábamos

PRINCIPIO DEL FIN DE PUTIN. Así decía el titular en la portada del británico The Economist la semana pasada. (The beginning of the end of Putin).

The Economist, que según mi opinión y la de muchos otros es la mejor revista del mundo, no se costeó algún signo de interrogación.

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Putin es impopular, porque es tan duro como inflexible (sin alma), y rodeado de círculo tras círculo de espeluznantemente corruptos subordinados.

Y porque Rusia ha perdido la velocidad. Se ha convertido en, según palabras del ex canciller alemán Helmut Schmidt: “Alto Volta con armas nucleares”

Hace muchos, muchos años atrás que Schmidt dijo lo que dijo. Hoy en día lo que fue la Unión Soviética se ha marchitado y se ha convertido en Rusia, un país que todavía es temido (las armas nucleares todavía están allí), pero también detestado, sobre todo en Europa del Este.

La verdad es, me atrevo yo a afirmar, que el comunismo ha colapsado totalmente (bueno, excepto en la forma peculiar que hay en China).

Comenzó con los levantamientos en Polonia y – quizás lo más particular – la revuelta de Hungría de 1956.

Yo estaba allí, en Budapest, cuando fue demolida una estatua gigante de Stalin. Mi corazón daba volteretas. Yo acababa de ver, en la ciudad de Győr, imágenes de húngaros asesinados y luego la venganza – cadáver tras cadáver – tras los jóvenes hombres que habían servido en la todo menos secreta ‘policía de soldados’ AVO* del régimen húngaro.

Ví a un par de ellos que colgaban boca abajo en árboles del parque. Hombres jóvenes meaban sobre sus cabezas muertas. Tal vez por primera vez – yo sólo tenía 23 años – entendí lo que la palabra odio significa. Comprendí aún mejor cuando en la casa de la policía se mostraban fotografías de mujeres jóvenes a las que habían perforado las tetas con largos clavos de hierro – la tortura y la mutilación formaban parte del arsenal comunista.

Luego fue como fue. Tanques rusos fueron comandados y sofocaron la insurrección. Nosotros los periodistas occidentales huímos – combatientes de la resistencia fueron encarcelados y torturados. Se había acabado, escribimos la mayor parte de nosotros, y muchos – también yo – sollozábamos y llorábamos.

Pero el mundo dio la vuelta, aunque parezca inconcebible – sí, inconcebible entonces, no ahora. El comunismo se pudrió. Vive todavía en su miserable corrupción y su grisácea opresión cotidiana, pero nadie le tiene respeto ya más. Putin, un rudo ex miembro del KGB, se le puede tener respeto a él? ¿Se puede tener respeto a un país sin libertad de expresión? Si no tuviese Rusia vastos recursos naturales – millones de litros de petróleo en la tierra – el país muy bien podría haber ido a la quiebra.

Moralmente se embrolló hace mucho tiempo – los superlíderes Lenin y Stalin, este último uno de los peores asesinos en masa de la historia, no escatimaron recursos y lo mismo se aplica a Bulganin y Nikita Jrushchov.

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Por no ahora hablar de Putin quien la última vez del todo recientemente “ganó” las elecciones con la ayuda de extensas y apenas negadas trampas.

El comunismo se pudrió, pero igualmente importante es que cada vez más gente percibió que era así. Televisión y radio, pero sobre todo da internet a las personas, dentro y fuera de Rusia, una imagen más justa del mundo, sus países y líderes que nunca. No es imposible dispersar mentiras, pero es mucho, mucho más difícil – y el riesgo de ser descubierto es mayor que nunca.

O sea que ándate con cuidado Putin. Pronto, tal vez un niño un poco astuto se dé cuenta que vas vestido con el traje nuevo del emperador[Det var slut och mångaäven jag – snyftade och grät –Expressen.se]

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