La Riviera de Polonia

La romántica Sopot ha sido llamada «La St. Tropez de Polonia».  Magdalena Mecweld, de Vagabond, volvió a la ciudad de los artistas en el Mar Báltico, donde ella creció.

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A riesgo de romantizar me atrevo a afirmar que Sopot tiene todo lo que una ciudad debe tener. Esto puede depender de mi crianza parecida a la de Fellini en una de las casas con las mágicas torres en Sopot y mi nostalgia infantil de la época. O también es el hecho de que Sopot es la ciudad perfecta.

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La ciudad es lo suficientemente pequeña como para pasear alrededor de ella pero sin embargo es al mismo tiempo lo suficientemente grande para que el anonimato se pueda mantener. Está muy bien situada en una colina en la costa y se extiende desde los bosques en el norte hacia abajo a una playa larga y blanca con aguas claras como cristal en el Sur.

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Un bosque mágico rodea Sopot con viejos y altos árboles de haya donde la luz se filtra a través de enigmáticos cementerios medio abandonados, donde se puede leer en las lápidas y fantasear acerca de los muertos. A lo largo de la playa de arena blanca hay un frondoso parque de varios kilómetros de largo en el que se puede pasear o andar en bicicleta. Y así la ciudad tiene las casas, los viejos edificios son todos construidos en estilo jugend, con torres ornamentadas, tejas coloridas y detalles de art noveau.

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Además de toda la abundancia estética tiene Sopot algunos de los habitantes más singulares del norte de Europa. Artistas, escritores, actores y otros locos creativos obtuvieron una ciudad libre aquí en Sopot durante la época de la república popular. Las ciudades de Gdańsk y Gdynia se convirtieron en ciudades de trabajadores con grandes astilleros. No había lugar para los artistas, tuvieron rápidamente y agradecidos que mudarse a las casas hermosas pero en mal estado y mal climatizadas en la antigua ciudad balnearia de Sopot.

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La escuela superior de música y arte acompañó y atrajo consigo también la rica vida nocturna. Se reunía le gente en locales de sótanos, bares en mal estado y más o menos en lugares de dudosa fama que con los años se convirtieron en los clubes más de  moda. El más conocido de ellos, el Spatif, todavía tiene un poco de los restos de su brillo. Spatif es un acrónimo que significa aproximadamente “la asociación para artistas, intérpretes y músicos”, y se encuentra ‘una escalera arriba’ en un apartamento en la calle principal Monte Cassino. Las amigas artistas de mi abuela solían estar aquí en los años cincuenta, y lo mismo hizo mi madre y mis tíos en los años setenta y yo, naturalmente, en mis visitas durante los años noventa.

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Este sábado por la noche está lleno de gente en el Spatif. El aire caliente del verano se mezcla con el humo de cigarrillos y vapores de sudor, lo que hace difícil respirar en la aglomeración. Samantha Fox aullea “Touch Me” por los altavoces y la gente baila sobre las mesas. Una noche de fiesta tan intensa tengo difícil de recordar. Las otras caras, más tranquilas, de Spatif. En la primavera y el otoño es aquí cuando más hermoso, pero es ahora, durante el verano, que Sopot oculta las columnas de artistas  y las gafas rotas para en su lugar ponerse el vestido de gala, ‘untarse’ de maquillaje espeso y patinar en las centelleantes sandalias de verano. Los 40.000 habitantes de la ciudad son de repente más de 100 000 y festivales de cine, festivales de jazz, fiestas rave, exposiciones, ferias y cenas de gala se relevan.

Al día siguiente nos tomamos una copa en la popular terraza del Błękitny Pudel (poodle azul claro) en la calle Monte Cassino.

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La calle peatonal de más de dos kilómetros de largo, conocida popularmente como Monciak, está llena de paseantes que caminan arriba y abajo. Mi amiga Joanna Skantze se refresca con una cerveza bien helada. También ella creció en Sopot como yo y se trasladó a Estocolmo en los años ochenta. Ahora trabaja ella como directora de arte y retorna cada año a su ciudad natal para buscar inspiración

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– Para mí, Sopot no es sólo una ciudad de playa. Aquí se encuentra una y se reúne con gente de todo el mundo. Es un poco como París o Londres, pero más pequeña, y la ciudad todavía se siente como un secreto, dice ella, y toma un sorbo de la cerveza.

Su amiga, la ‘sopot-arra’ Agnieszka Krucha está de acuerdo en que ha cambiado mucho, pero cree que a mejor.

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En el club de moda Mandarynka se reúne gente joven y exitosa [mandarynka.pl]

– Las fachadas han recibido nuevos colores y han sido renovadas, el parque se cuida y hay más sitios decentes. Está claro que tengo una vieja foto de un tipo diferente de Sopot, pero no durante el verano, entonces estaba probablemente igual de lleno que ahora, dice ella.

En la larga calle peatonal hay salas de cine, pequeñas boutiques exclusivas, restaurantes, pubs y cafés. En el Pizza Hut, que antiguamente albergaba el hotel más antiguo de Sopot está una acordeonista y canta viejas canciones melancólicas rusas. La calle está bordeada de casas estilo jugend encantadoras una tras otra, y aunque la mayoría de las fachadas se han renovado, se ha hecho con detalle y a tiempo. Por ley, no se puede construir en un estilo diferente en Sopot. Todo lo nuevo debe amoldarse con el resto del paisaje urbano. El hotel blanco Rezydent un poco más arriba de la calle es un buen ejemplo. Sólo el cartel de “Anno 1999”, revela su verdadera edad.

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El sol calienta todavía, pero las familias paseantes son reemplazadas lentamente por una audiencia más joven y de moda. En lugar de continuar hacia arriba al bosque de hayas y Opera Lesna, donde el festival anual internacional de música de Sopot se lleva a cabo, nos volvemos y caminamos calle abajo al largo muelle Molo. Con sus 511 metros es el más largo muelle de madera en Europa.

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Por los viejos tablones de madera he corrido yo tanto tiempo como puedo recordar, ahora se atascan los tacones en los huecos entre las tablas. Desde el muelle se tiene una magnífica vista sobre la extensa playa, el parque, el horizonte-skyline- de torres adornadas y el histórico Grand Hotel. En el Grand vivió, por otra parte, Adolf Hitler el año 1939. En su honor, se transformó el suelo del piso en la suite presidencial a un parquet con esvásticas y las extrañas placas no fueron retiradas hasta el año 1967. En contraste con Gdansk, que en principio fue arrasada durante la guerra, fue Sopot una de las pocas ciudades en Polonia que se libraron por completo de los destructivos bombardeos nazis.

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Nos quitamos los zapatos y saltamos abajo a la suave arena y caminamos lentamente hacia el hotel. Esta parte de la playa, está, además de una gran cantidad de restaurantes, llena de motos acuáticas y toboganes de plástico. El Grand Hotel es un triste ejemplo de lo que sucede cuando no se siguen las reglas de la renovación. Externamente aún es bonito pero por dentro es un desastre. Fuera se han quedado las alfombras rojas, las cortinas de encaje amarillas, las puertas talladas. El lugar tiene el mismo encanto que un ferry de Finlandia. La terraza hacia la playa sigue siendo un éxito aún a pesar de lo antes mencionado. Aquí se toca música suave y los camareros corren con pequeñas bandejas entre las muchas mesas.

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Seguimos caminando sin prisa en el frondoso parque que bordea a la playa, alejándonos del Grand y dirección Gnydia. El parque está lleno de árboles, coloreantes camas de flores y exuberante césped bien cuidado. El sol acaba de ponerse, el aire se siente más fresco y cada vez hay menos gente.

Y aquí, a unos tres kilómetros de distancia, es muy tranquilo y quieto. Las olas golpean lentamente contra la vacía playa en la que todavía se pueden encontrar ámbares. Los colgantes abedules se inclinan hacia abajo y en el ‘acercante’ amanecer centellean las luces desde el largo muelle y Sopot – mi ciudad perfecta. [vagabond.se]

 

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