Suicidios desesperados en España

ALBERTO VÁZQUEZ FIGUEROALa serie de Hollywood «Desperate Housewives» ha obtenido un significado diferente en la Europa de hoy. ‘Amas de casa’ es actualmente ‘una descripción embellecida’ para los millones de mujeres que han perdido su empleo y han sido reducidas a involuntarias amas de casa en hogares que en cualquier momento pueden ser embargados por los bancos. En hogares sin electricidad y agua. Amas de casa desesperadas, que a veces no ven otra salida que poner fin a sus vidas. Una de todas estas mujeres era la madre 53 añera Amaia Egaña en Euskadi, que ya no podía pagar la hipoteca.

Cuando el banco llamó a la puerta de la Sra. Egaña y ella se negó a abrir fue llamado un cerrajero. Cuando forzaron la puerta estaba una mujer en una silla en el balcón (junto a la vantana). Ella saltó del cuarto piso.

Sólo quince días antes, José Luis Domingo se colgó ante los banqueros que llegaron para desahuciarlo de su casa en Granada.

«No es un suicidio. Es un asesinato. Y son los bancos y los políticos los que son los asesinos», dicen angustiados españoles.

Desahucios son pan de cada día en España, donde más de 400.000 españoles endeudados han quedado sin techo desde que la burbuja inmobiliaria estalló en la cuarta economía más grande de Europa. Cuando los precios de los inmuebles han caído más de un 30 por ciento se encuentran cientos de miles de prestatarios con deudas que exceden el valor del inmueble.

«Andas» es el nombre de un cortometraje español que describe ‘las dificultades de respirar’ de los españoles en la claustrofóbica crisis y es un llamado a la huelga general paneuropea. 40 sindicatos en 23 países diferentes hacen huelga, se manifiestan, protestan contra «paquetes de emergencia catastróficos con soluciones neoliberales que han sido impuestas a los europeos». En Austria, un sindicato ha impreso tarjetas postales con el texto: «Todos somos griegos».

En un teatro en el centro de Madrid el personal se ha encerrado en señal de protesta contra los paquetes de ahorro españoles. «Sin cultura espera dictadura», gritan.

En el mayor periódico de España El País protestan periodistas todos los días a las seis con un par de minutos de silencio y cuentan luego hasta 149 – el número de colegas despedidos. Con el periódico patas arriba se vuelven hacia la oficina del muy bien remunerado jefe cuya despedida han exigido. El periódico ha sido también acusado por conocidos escritores de censura en lo referente a los recortes.

En Italia, donde 30 000 camas de hospital desaparecen se lanzan huevos contra la intendencia del ministerio de Hacienda en Turín y piedras contra la policía en Roma.

Cuando leo periódicos del eje de la crisis son las mismas historias. Niños hambrientos. Desempleados obligados a actos de equilibrio acrobático por un pedazo de pan. Uno de cada cuatro griegos y españoles han perdido sus puestos de trabajo. El hecho de que la mitad de la población menor de 28 años está fuera del mercado laboral es una bomba de tiempo que pronto va a estallar.

La Unión Europea, ganadora del Premio Nobel de la Paz que soñaba con unir a los pueblos en paz los une ahora en pobreza. El FMI interviene como coro gospel de la globalización e insta a los europeos como los políticos suecos lo hicieron en el suburbio de Rinkeby en crisis en 1992: «Ahora creo que juntos podemos cantar:» ”We shall overcome!”. [Desperata självmord i Spanien – Metro]

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