Esclavos de la sociedad moderna en Boston, Massachusetts

Paolo y MoniqueBoston, Massachusetts: Trabajan 80 horas a la semana y opinan que es de puta madre.
Paolo tiene 40 años y trabaja 80 horas a la semana. Opina que es genial. Le da un salario de hasta 700 dólares por semana (~ 533 euros) después de impuestos, suficiente para mantener una familia.
Monique tiene 27 años y trabaja 74 horas a la semana. Opina que está bien. Trabajó más antes.
Vienen de Brasil y curran en restaurantes en Boston. Mientras como un plato de mariscos cuenta otro camarero, un compatriota de Monique y Paolo, que durante nueve años curró 18 horas al día.
Él tenía tres trabajos. Funcionó porque estaban tan cerca entre sí: Limpieza por la mañana, servir comida durante el día, limpieza por la noche.
Uno no puede ponerse enfermo, naturalmente, dice él. Se trata de ser joven y fuerte.
Desde hace un año tiene un contrato fijo y sólo necesita servir 45 horas a la semana. La vida sonríe.

Poco después de que el camarero consiguió el trabajo murió su padre. El camarero no quiso tomar tiempo libre para ir a casa al funeral. Se nota que lastima cuando cuenta. Yo acababa de obtener el trabajo, dice. Y mi esposa había quedado embarazada.

Monique ha venido de Brasil para recaudar dinero para su educación. Ella espera un futuro dentro de la industria del turismo. Ella ha estado aquí por seis años.

En casa en Brasil tiene una hija con la que habla todos los días a través de Skype.

El mes pasado hizo Monique 90 horas a la semana. Un colega estaba enfermo. En realidad, no se puede currar tanto, no a la larga. Monique es muy consciente de eso, porque en julio y agosto acostumbra currar 92 horas a la semana en un restaurante de verano.

Jornadas de trabajo de ese tipo desgastan/frustran el cuerpo y la cabeza. Se curra, duerme, curra, duerme, y, finalmente va uno como una máquina.

Aerial View of Downtown Boston, Massachusetts

Monique es también bien consciente de que ella puede quedar atrapada en la carrera de ratas/rueda de ardilla. Por eso ella estudia dos horas cada día. Le da una dirección hacia adelante. En tres años espera podrá regresar a su patria, como especialista en la organización de viajes de grupos.

Tales planes no tiene Paolo. Él tiene su familia aquí, su esposa y sus dos hijos. Paolo piensa currar durante 20 años más, y luego viajar a casa a Santa Catarina, bastante más rico que el estándar brasileño. Aunque sus hijos puedan quizás optar por quedarse en Boston. Están estudiando para ser mecánicos de coches.

¿Qué haces cuando te relajas?

– Duermo.

¿Qué haces en tus domingos libres?

– Voy a la iglesia. Hago ‘grandes compras’ con la familia. Veo fútbol brasileño en la televisión.

Paolo bosteza. Acaba de la limpieza y cerrar. Son las nueve y media de la noche. Necesita ir a casa y dormir. Monique está ronca después de mucho gritar en el restaurante. Ella va a ir a casa y estudiar.

Pronto es un nuevo día.

Son los esclavos de la sociedad moderna. En teoría pueden tirar la bata en la barra y largarse. Pero, a dónde iban a ir. Ellos no quieren volver a la pobreza en su país de origen.

Debería ponerse uno cabreado al escuchar sus relatos.

¿O da el infinito desgaste la oportunidad de su vida a Monique y Paolo?

– Lo mejor de Estados Unidos es el curro. Es por eso que estoy aquí. Lo peor es la distancia de casa (Brasil-EEUU). No he visto a mi madre durante cinco años, dice Paolo.

Un chaval llamado Ali y que viene de Etiopía conduce taxi durante la noche y tiene un servicio de mensajería durante los días. Él trabaja 14 horas. Y estudia. Ali quiere ser policía criminal, “como CSI en la TV”.  Si eso no tiene éxito, apostará por la empresa de mensajería.

– El sueño americano existe, dice Ali. Yo lo estoy viviendo en estos momentos. [Boston, Massachusetts: De arbetar 80 timmar i veckan och tycker det är toppen. AFTONBLADET.SE]

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