Por eso permanece la crisis

crisisDejar de ducharse y usar desodorante sólo para mantenerse ‘fresco’ es un método que a largo plazo no impresiona al entorno. Las curas de crisis financiera rápidamente ‘carpinteadas’ por los políticos han tratado de la misma manera mucho de curar los síntomas y muy poco sobre cómo lidiar con el trabajo pesado.

Pocas personas aman la crítica. Adicionalmente molesto es cuando un olor de veracidad se puede percibir en la cálida corriente de aire de los comentarios. Especialmente si se considera que el que suministra el punto de vista pertenece a la reserva de talentos.

La reacción que siguió a la degradación de la calificación crediticia de EE.UU. por Standard & Poor fue por eso humana. Que se trataba de que gente errada pisó un dedo delicado de pie americano más que de otra cosa fue confirmado por el hecho de que la crítica de S&P no contenía ni rastro de materias de noticias. La propia comisión de déficit del presidente Barack Obama lanzó en diciembre del año pasado su informe sobre el tema, una publicación apestante titulada “La hora de la verdad” que hace parecer a los analistas de S&P como ‘padres de curling’ temerosos de conflictos. Más tarde señalaron bastante tímidamente que la calculada necesidad de préstamo de EE.UU. en los próximos diez años asciende al equivalente de 50.000 millardos de coronas suecas, un aumento en la montaña de la deuda de un 55 por ciento. Incluyendo los ahorros que ni siquiera han comenzado. Premiar una actitud así con tres estrellas de oro sería simplemente una burla de las economías bien administradas.

En lugar de dar la paliza sobre el número de grandes letras A en su calificación deberían los políticos en Washington haber dedicado más atención a otros números mucho más funestos. Por ejemplo, el que la semana pasada mostró que el déficit de Estados Unidos en el comercio exterior en junio fue de 53 millardos de dólares, el mayor desde el otoño de 2008. ¿Qué tiene ver esto con la crisis de la deuda? Bastante, se muestra.

Cuando el ministro sueco de economía en la noticias del domingo pasado se le pidió que resumiera la crisis de forma que un niño de cinco años pudiese entender, explicó que no es bueno si los países no pueden conseguir que los plus y los menos encajen.

Esto se aplica no sólo al presupuesto del estado sino también en los negocios con el mundo exterior. La llamada balanza de cambio o comercial consiste en términos generales en el valor de los bienes y servicios exportados, menos los importados. En la lista de economías con mayor déficit en su cuenta corriente en la década de 2000 se encuentran nombres como EE.UU., España, Italia, Grecia, Portugal, Irlanda y Reino Unido. Si el grupo se siente familiar es porque los mismos países figuran en la lista de estados con mayores problemas de deuda. No es una coincidencia.

Grandes déficits en la balanza comercial sólo se pueden financiar por medio de pedir prestado.

Durante los años previos a la crisis fueron los países con grandes excedentes, especialmente China y países ricos en petróleo del Golfo, los que prestaban dinero. Las enormes reservas monetarias que China y otros países habían acumulado se vertieron en Estados Unidos y presionaron las tasas de interés a niveles artificialmente bajos. Eso hizo que los estadounidenses, empresas, bancos, particulares y el Estado podían pedir préstamos vada vez más baratos y consumir cada vez más. En diez años, hasta 2008 se cuadruplicó la deuda exterior de los EE.UU.. Las tasas de interés rabajadas hicieron al mismo tiempo que la sed de rendimientos más altos llevó a los inversionistas del mundo a tomar mayores riesgos. Entrada para bonos ‘subprime’ y otras golosinas financieras.

En Europa pidieron préstamos los griegos, españoles, irlandeses y portugueses saludablemente de no menos que de bancos en Alemania, otro país con gran superávit en su balanza comercial. Los países del mundo se dividieron en países que vendían y ahorraban y países que compraban y pedían préstamos.

Muchos economistas, entre otros el gurú de la crisis financiera, Kenneth Rogoff, ha señalado este fenómeno que se acostumbra llamar como los desequilibrios globales, como una de las principales causas de la crisis financiera.

El Banco central de Inglaterra constata en un informe que desde 1971, cuando EE.UU. abandonó el vínculo del dólar con el oro y el acuerdo monetario de Bretton Woods naufragó, estos desequilibrios en el comercio mundial se han incrementado dramáticamente, y – como por un evento – la incidencia de crisis bancarias y financieras.

Aún si ciertos países, independientemente de si han tenido déficit o superávit, han actuado racionalmente desde su propio punto de vista, el resultado final para la economía mundial se ha vuelto en menos divertido.

El jefe del Banco de Inglaterra, Mervyn King, señaló recientemente que los bancos centrales por lo tanto, no pueden erradicar la crisis de la deuda. La única solución a largo plazo es equilibrar estos desequilibrios. Y para eso se requiere de la cooperación global entre los que pidieron prestado y los que han prestado.

Entonces, ¿qué ha sucedido? Hasta el momento, no mucho.

Las estadísticas sobre la balanza comercial no han cambiado significativamente. Las exportaciones de EE.UU. no son exitosas a pesar de la debilidad del dólar. Los principales acuerdos transfronterizos brillan por su ausencia. No es de extrañar.

Los países con superávit, como China y Alemania se muestran reacios a bajar las revoluciones de sus motores de exportación sin necesidad y en cambio poner en marcha el consumo interno. En los países con déficit se trata de una transición más, aún más dolorosa. Los países del euro que no pueden devaluar, como España y Grecia, deben, según algunos analistas, presionar abajo los costos laborales en un 30 por ciento para ser competitivos.

Entonces aparentan los paquetes de rescate temporales que por arte de magia sacan nuevos préstamos a países con déficit como una camino más sencillo. Pero mientras los desequilibrios se mantengan la crisis apenas desaparecerá. O como un niño de cinco años habría dicho: Si se quiere comprar cosas buenas hay que vender algunas también. [e24.se]

 

 

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