Alarga tu verano en el País Vasco

– Tenemos playas fantásticas, estaciones de esquís a una hora y casi igual de cerca a la cultura en Bilbao y los restaurantes en San Sebastián. Pero se evita el esnobismo de la riviera francesa.

– Aquí hay todo, dice el irlandés Sacha Kasselis y sorbe una ostra más.

guggenheim

Sacha Kasselis sostiene que ha encontrado su ciudad ideal después de varios años viajando por Europa. Me encuentro con él en el puesto de pescados en el mercado de alimentos en Biarritz, en la pequeña barra del puesto de pescados L’Ecailleries. Aquí se puede -como mi nuevo amigo recién encontrado- cortar un par de unas ostras y beber un vaso de vino blanco entre los mostradores de mariscos y las ‘tías’ de compras de fin de semana.

Biarritz

El mercado es una buena introducción a la gastronomía del País Vasco, una especie de mapa de prueba con grandes jamones de Bayona, quesos de cabra locales, ‘bacalau’ (bacalao salado seco) y racimos de chile rojo brillante de la vecina localidad de Espelette.

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Compro una caja de fresas y un trozo de ‘gateau’ vasco, una especialidad ‘almendrada’ con relleno de vainilla, y continúo a la Grande plage, la grande playa.

Hace viento fresco, pero compensa el sol de primavera. Yo hago picnic con vistas a bronceados surfistas 20 añeros que parecen ser tomados de la serie de televisión “O.C.“, la familia von Trapp en versión cámara lenta y ‘zorros de playa’ de pelo largo. El alto oleaje del Atlántico que golpea la playa ha hecho a Biarritz conocida como una de las mejores ciudades de surf de Europa.

Pero es también un balneario clásico, que atrajo a realezas y celebridades culturales como Ernest Hemingway y Charlie Chaplin. A Napoleón III le gustó tanto que mandó construir su palacio de verano aquí. Ahora está reconstruído en uno de los mejores hoteles de Francia, el hotel de cinco estrellas Hotel du Palais. En el paseo marítimo está ubicado también un gran casino de estilo Art Deco.

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Además hay todos los ingredientes que garantizan un exitoso largo fin de semana: modernos bares de vinos, cafés históricos, playas, bares de tapas animados y una calle de compras ‘fácil de navegar’. Después de cuatro días no estoy dispuesta a, como el irlandés Sacha, mudarme aquí – pero dispuesta a volver, o quedarme una semana e inscribirme en una de las muchas escuelas de surf de la ciudad.

En su lugar, tomo el autobús 20 minutos al sur, a la pequeña localidad costera de San Juan de Luz.

Aquí me encuentro con una sensación ‘de pueblo’ acogedora. Casi todo es pequeñito. Varios de los hoteles tienen carácter de B&B, como el Hotel Les Almadies, siete habitaciones en una casa tradicional vasca en blanco y rojo. Está situado directamente en la calle peatonal bordeada de tiendas Rue Gambetta, a dos minutos de la playa. Es ancha como un campo de fútbol, ​​no atrae a los surfistas pero a innumerables familias. Las olas son raramente más altas que un niño de cinco años.

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 Si se quiere una semana de vacaciones de playa ‘vegetativa’ sin turismo chárter es San Juan de Luzperfecto.

Si se prefieren estimulantes culinarios se debe continuar a San Sebastián, 50 minutos al sur.

SanSebastian

Tomo el autobús de la mañana allí y puedo ver tanto aldeas recién despertadas como vistas al Atlántico que me hacen pensar en la Highway 1 de California.

Al igual que en Biarritz y San Juan de Luz está San Sebastián bordeada por una larga playa, La Concha, y un paseo encantador. Aquí hay también un antigua casa de baño tradicional, un moderno museo naval y ‘suficientemente mucha cultura’ para que la ciudad vaya a presentarse a candidata a la Capital Europea de la Cultura en 2016.

Pero la atracción principal de la ciudad es la cultura de la comida.

bar vallés

El artista culinario por encima de todos los demás es Juan Mari Arzak, el padrino del arte de la moderna cocina vasca. Su restaurante familiar Arzak fue el primero en España con tres estrellas en el Guide Michelin y está considerado como uno de los mejores restaurantes del mundo. En la actualidad, el patrimonio de la cocina vasca es gestionado por la hija Elena Arzak y jóvenes cocineros como Andoni Aduriz en el extremadamente innovador Mugaritz, clasificado como el tercer mejor restaurante del mundo.

Pero aparte de la alta cultura culinaria hay una versión más popular: ‘pintxos’(se pronuncia pinchos), que es vasco para ‘tapas’. Los ‘bocados’ que se colocan en todas las barras a menudo son extremadamente refinados, como una especie de buffet en miniatura de la ‘haute cuisine’ de la zona. Raramente cuestan más de 2-4 euros cada uno.

– Comer ‘pintxos’ es una manera de relacionarse aquí. Lo ideal es ir de bar en bar en el casco antiguo y comer uno, o máximo dos ‘pintxos’ en cada bar, dice Ellen Hylander de Bodenque trabaja en una pensión en el casco antiguo/’parte vieja’.

La encuentro en el bar A Fuego Negro, uno de los bares más modernos de la ciudad. Es ese tipo de bar que a una le gustaría estuviese ubicado en el propio barrio donde una vive. A diferencia de la clásica decoración de madera de los bares más clásicos atrae A Fuego Negro con arte callejero en paredes de ladrillo, r’n’b en los altavoces y camareros que parecen tan interesados ​​en los puestos 12 de hip-hop como en los vinos de Rioja. En el menú de ‘pintxos’ hay aceitunas rellenas con gelatina de vermouth “cangrejo, aguacate y helado de regaliz” y “MacKobe”, hamburguesa de Kobe en miniatura.

 Se diferencia mucho de la mezcla de Japón que se sirve para el cocktail en elbar del barrio en casa.

Muerdo un bocado más, una rebanada delgada de ‘merengue de cereza cubierto con caballa marinada, menta y queso de oveja’ (se referirá al pincho de ‘txitxarro’ ?) y siento un impulso de mudarme aquí.

Sacha tendrá que perdonarme.

mmmmmmmm [dn.se]

barvalles.com

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