Cuestión de tiempo antes de que FRA se filtre en Internet

Toda la información es ‘moneda fuerte’. Y ahora con Wikileaks vemos el peligro de almacenar grandes cantidades de información en los mismos lugares, escribe el columnista del día de hoy Stephen Wahlberg.

Julian Assange liberó al espíritu de la botella. Demostró que la información es la materia prima más importante del mundo y que la nueva tecnología hace que sea muy peligroso tratar de almacenar grandes cantidades de esta materia prima en un solo lugar. La atención en torno a la fuga demuestra además que el hambre del hombre es inconmensurable cuando se trata de información que alguien está tratando de ocultar.

Tales mundanas intimidades que nosotros los súbditos leemos en la prensa de chismes muestran ahora ser ‘moneda fuerte’ incluso cuando la nomenclatura informa mutuamente acerca de la situación mundial. La debilidad de Khaddafi por las rubias  obviamente podría ser explotada de manera efectiva en una operación del servicio de inteligencia. En Radio P1 cuenta el ex embajador de Suecia en Washington Rolf Ekéus que el gobierno sueco le exigió una versión ‘no lavada’ de las aventuras sexuales de Bill Clinton con Monica Lewinsky. «No como chismes, sino para saber lo que impulsó el comportamiento del presidente en ese momento.»

En el fondo trata esta hambre de información de supervivencia – sobre un instinto evolutivo de querer saber lo más posible acerca de nuestros amigos, enemigos y rivales potenciales.

Investigación científica muestra que nuestra infinita sed de chismes es en realidad una motivación genética que nos asegurará la mejor posición posible en términos de acceso a los alimentos, el orden jerárquico y cómo no, la fertilidad.

Y en medio de esta confusión política sobre que «lo imposible» se ha producido, continúan los gobiernos, no menos en Suecia, construyendo gigantescos colosos de datos con información acerca de nosotros los ciudadanos. La ley sueca FRA da al ‘Gran Hermano’ derecho para almacenar correos electrónicos de todos los suecos y la Directiva de almacenamiento de datos –Datalagringsdirektivet – obliga a los operadores de internet a, en nombre del gobierno, almacenar información acerca de las páginas web que visitamos.

Pero si ni siquiera los EE.UU. son capaces de proteger lo más santo de los santos es sin duda sólo una cuestión de tiempo antes de que también la gigantesca base de datos de la FRA aterrice en Internet para la búsqueda de texto libre. Tal vez sería útil para la integridad del debate si los correos electrónicos privados de Fredrik Reinfeldt, Thomas Bodström, o por qué de Su Majestad El Rey, fuesen a parar a Wikileaks. Tendría por lo menos un cierto valor chismoso. [metro.se/edición impresa/”TIDSFRÅGA INNAN FRA LÄCKS UT PÅ NÄTET”/2010-12-06]

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