El Lazareto de Gando: recuerdos de la ‘mili’

“El Lazareto de Gando es una antigua fortificación que fue usada de diferentes formas a lo largo de la historia de Gran Canaria. Fue prisión durante la Guerra Civil Española (1936-1939), y, antes de eso, fue sanatorio de leprosos a finales del siglo XIX. Posteriormente, ya en la segunda mitad del siglo XX, fue usado como zona de establecimiento para los miembros del Ejército del Aire que estaban en la Base Aérea de Gando”.

[…] [https://books.google.se/books?id=gbOPDwAAQBAJ&pg=PA194&lpg=PA194&dq=gando+%2B++leprosos&source=bl&ots=aaj7TsSmMX&sig=ACfU3U3oC2qMJxQSIb5Fqe6V_jv3T61Kbw&hl=sv&sa=X&ved=2ahUKEwjuntCI4sLpAhX0w8QBHUW8C4AQ6AEwBnoECAUQAQ#v=onepage&q=gando%20%2B%20%20leprosos&f=false]

Recuerdos de Gando 1964

Fue aquí donde pasé el período de instrucción (un mes y algo, creo recordar) durante el servicio militar en Aviación (1964-1966) como voluntario. Dormíamos en camas literas y tenía dos ‘vecinos’ soldados de Santa Isabel de Fernando Poo.

Como sudábamos mucho y había poca distancia entre las literas, descubrí – y me hizo impresión- que los “fernandinos”/ guineoecuatorianos tenían un olor corporal diferente al de nosotros cuando sudábamos. Seguramente ellos pensarían lo mismo de nosotros?.

Recuerdo también algo que yo llamo ‘la noche de la corrida’ o ‘el suceso de la botella’ que ocurrió una noche cuando un soldado (canario) lanzó por los aires una botella de vidrio llena de orina (!) de un lado de la ‘sala-dormitorio’ al otro y acabó dando un hostión a un soldado que dormía en el otro extremo de la sala con el consiguiente grito de dolor, encendido de luces, llegada del cabo primero, que después de preguntar quién hostias había lanzado la botella de orina por los aires y no recibir respuesta, ordenó que todos saliésemos al patio fuera, en calzoncillos, y nos obligó a correr, y correr y más correr, durante casi 3 horas, con pequeñas pausas, hasta que finalmente el canario que había lanzado la botella confesó ser el culpable. Fue a eso de las seis de la mañana.

Otra anécdota que recuerdo es que una noche yo y otros tres soldados salimos de la sala donde dormíamos y nos ‘escapamos’ hacia el mar pasando ‘el muro’. Y que una vez allí, intenté ‘escalar’ la pendiente indicada en la imagen y a media altura vi que no me atrevía más y quedé como paralizado del miedo, pues no me atrevía a moverme ni «pa riba» ni «pa bajo».

Por suerte me ayudaron los otros y salí del apuro. Son recuerdos de ‘la costa de Gando’ que nunca olvido.

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