Teleféricos en España

Diversión de altos vuelos

  • Hay ocho teleféricos en España de uso turístico, la mayoría en alta montaña

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Se suelen ver en diferentes estaciones de esquí que es donde, realmente, se aprecia su verdadera utilidad que es el transporte. No obstante, los teleféricos en España se han convertido más en una atracción, un plan de ocio, que en una manera de desplazarse.

Hay ocho teleféricos turísticos en España, de los que la mayoría se sitúan en montañas. Su misión no es superar grandes desniveles, que también, sino brindar a sus pasajeros otra forma de ver el lugar. La calma que da la altura favorece que el pasajero disfrute de una atmósfera muy especial a vista de pájaro.

El más antiguo de España es el teleférico de Montserrat inaugurado en 1930 y el más moderno el de Aramón Zaragoza que abrió sus puertas ya en este siglo, concretamente en 2008 fruto de la Exposición Universal que acogió la ciudad aragonesa. El de Madrid ha sido el que ha servido de cicerone en este mundo de las alturas.

Teleférico de Fuente Dé en Cantabria Teleférico-Madrid

Tiene una característica peculiar este funicular. No está en ninguna montaña pero consigue trasladar al pasajero de la ciudad del siglo XXI al campo del XVI. Del Paseo Rosales a la Casa de Campo, antiguo jardín de Felipe II.

Son uno dos kilómetros y medio que las cabinas para seis personas del teleférico recorren en once minutos.‘Nosotros presumimos en la publicidad con que son las mejores vistas de Madrid’, comentaba Gabriel Flores, director técnico de Parques Reunidos. En ese tiempo una voz ameniza el viaje explicando los edificios más importantes por los que pasa un funicular cuyo punto más alto se sitúa al cruzarse con la vía rápida que rodea Madrid, la M-30, y que supone 40 metros de altura.

Pese a que pueda suponer un obstáculo para los que padezcan vértigo, el cierre de la cabina, borra todo atisbo de miedo en el viaje. Gabriel recomienda el viaje para cualquier edad, no obstante, los viajes en teleférico se orientan más hacia el lado familiar que el de aventura.

Aunque, bien es cierto que tras la subida a otros como el de Fuente Dé (Cantabria) o el del Teide (Tenerife) se pueden combinar ambas cosas.

Aventuras aparte, si hay algo que no tiene fallo subido en una de esas cabinas es el disfrute de la paz y la armonía que sólo estar suspendido en el aire puede brindar.  [Luis Núñez- Villaveirán/elmundo.es/]

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