Prostitutas a 5 y 10 euros

  • «Si antes era difícil encontrar trabajo, ahora más. No hay nada, ni para limpiar escaleras y con lo que dan, tampoco podría salir adelante. Yo estoy aquí por mis hijos. Lo hago por ellos»

Prostit-Rebeca, 32 años y prostituta, se acerca con desconfianza. Le he dado mi palabra. Su rostro no se mostrará en imágenes. En ningún momento se le identificará. Pero no se fía. Está en un descampado de Elche y hace un frío del carajo. En un intento de romper el hielo y antes de comenzar con preguntas incómodas, pienso en hacer algún comentario sobre la noche tan gélida que me está dejando los pies sin sensibilidad. Pero al observar cómo se mete las manos en los bolsillos de una cazadora que apenas le cubre el escote y en un intento de protegerse, me muerdo la lengua dos veces antes de hablar. Le pareceré una quejica. Y con razón. Llevamos solo 30 minutos a la intemperie y ella cerca de cinco horas. A su lado y tan abrigada como voy, parezco el muñeco de Michelín. El cuerpo de Rebeca, que tiene cara de muy buena gente, debe estar entumecido.

«Si antes era difícil encontrar trabajo, ahora más. No hay nada, ni para limpiar escaleras y con lo que dan, tampoco podría salir adelante. Yo estoy aquí por mis hijos. Lo hago por ellos», insiste. Le queda una hora para acabar su jornada y no ha tenido ni un solo cliente. Volverá a casa con las manos vacías.

La prostitución en la provincia se está recrudeciendo aún más si cabe. Hay más chicas, –hasta amas de casa se han metido en el negocio para «sacarse unas perrillas»- y menos clientes por la crisis económica. La competencia es feroz, y las ganancias han caído en picado hasta el punto de que algunas mujeres están aceptando todo tipo de condiciones de sus clientes, como no utilizar el preservativo y con tarifas a ‘low cost’: a 5 y 10 euros. Lo nunca visto. «A mí me lo propusieron por diez, pero me niego. No bajo de los 20-30 euros».

El reportaje es posible realizarlo gracias a la encomiable labor que realiza la Asamblea Local de Cruz Roja en Elche, que permite que se les acompañe en una de sus jornadas laborales facilitando el acceso a las mujeres. […]

Beatriz Ros, responsable del proyecto y una de las que se ha ganado a pulso la confianza de las chicas, le ofrece un café. La entrevista concluye, Rebeca se relaja y comenta ilusionada que ya ha contratado un seguro médico para su familia por el que paga 100 euros. Pocos minutos después, me enseña en el móvil y con orgullo fotografías de sus dos niños. En una imagen aparece ella, sin maquillaje y con un vestido que no se ajusta a su cuerpo. Parece otra. Y más joven. […]

Distribuidas por nacionalidades, hay zonas ocupadas por las nigerianas, otras por las rumanas, españolas y ahora mismo están detectando amas de casa de 50 años, que con la familia en el paro se han visto obligadas a ejercer. La última demarcación es la de los travestis, un colectivo que «sufre más problemas psicológicos porque llevan una doble vida», apunta Antonio Fernández, voluntario. Se refiere a que hay familias que no tienen ni idea de que sus hijos se transforman por la noche y se prostituyen.

Es el caso de Cristina, transexual de 32 años y «puteando desde hace siete meses». Extrovertida, concede solo unos minutos de entrevista porque tiene prisa. Acaba de empezar su jornada y no puede permitirse el lujo de perder el tiempo.

La minifalda de rejilla, con transparencias y de color rosa chicle -muy al estilo de ‘Pretty Woman’- deja patente sus atributos. Porque Cristina explica, siempre gesticulando, que ella solo se hormona.

Es colombiana y vino hace siete años a España con un título bajo el brazo. «Allí estudié marketing, pero mira…». Su tarifa tampoco la baja, 20-30 euros, pero asegura que están ofreciéndose por 5 y 10 euros. «A mí uno quería que se lo hiciera por dos euros. ¿Están locos o qué?». Hay chicas que están aceptando estas condiciones, sobre todo, las nigerianas. «Es lo peor, hacen de todo sin condones y después de estar con el cliente las he visto que se han puesto a vomitar».

En el poco tiempo que Cristina lleva en el negocio ha comprobado cómo ha afectado la crisis. Ahora mismo, la prostitución da «para sobrevivir». Hay chicas que ganan una quinta parte respecto a hace tres años y otras aceptan «hacerlo por cinco euros y un chute». Pese a todo, tiene claro que «yo estoy puteando con dignidad», y se escandaliza de que jóvenes de 16, de 18 años y de 30 quieran hacerlo sin condones. «¡Están loquísimos!».  […] [ESTHER BROTONS/lasprovincias.es/]

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