Después de veinte años Rosa volvió a pisar las calles

ESTA MUJER RESIDENTE en el pequeño municipio de Tarso, en el Suroeste antioqueño, se encerró veinte años en su casa a pagar una promesa.

Ayer se cumplió el plazo y de nuevo se dejó tocar por el sol.

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¡Y se cumplió el plazo! Luego de veinte años de haber estado encerrada, has vuelto a salir a la calle, Rosa Bayadales. Has dejado otra vez que el sol, como si tuviera manos, se posara en tu piel y has pisado nuevamente el andén de tu casa.

Afuera, a un metro, te esperaba Tarso, ya no con piedras en la vía sino con adoquines y unos vecinos que se hicieron viejos mientras tú, en tu casa, lavabas, cosías y le agradecías a Dios.

Pasaron veinte años, Rosa Bayadales, para que de nuevo te asomaras a la ventana y para que, otra vez, cruzaras la puerta de tu casa en la calle 18 de Tarso, ese pequeño pueblo en las montañas del Suroeste cafetero, donde naciste y del que también, el 23 de mayo de 1990, te aislaste para siempre encerrándote a pagar una promesa, «que si mi hijo volvía a caminar, yo no volvía a salir a la calle durante veinte años».

¡Qué valiente Rosa Bayadales! ¡Y qué hermosa!

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Porque así te viste ayer, como una reina. Cómo imaginar la mezcla de sentimientos en tu corazón cuando, al asomar a la puerta de la casa que fue tu claustro durante 7.300 días, los vecinos te recibieron con aplausos.

¡Qué macondiana esa imagen tuya abrazada a tu hijo José Alonso Gómez, por el que te encerraste a pagar la penitencia! Y qué escena de epopeya esa del pueblo ahí esperándote, como si fueras la heroína de Tarso.

Fueron muchas emociones juntas, Rosa. Nada más esa, cuando empezaste a caminar por la calle del brazo de Augusto Valle, tu vecino más querido, y tus pies temblaron. Cuando decías «no voy a aguantar, estoy mareada, me voy a caer», o cuando dijiste extrañar las viejas piedras porque en ellas caminabas mejor con tus tacones.

Es bello el sol, Rosa Bayadales. Y ahora es todo tuyo. Es bella la brisa. Y ahora también es toda tuya Rosa. Son hermosas la neblina y el bullicio de los niños y las vecinas y vecinos viéndote pasar por esas mismas calles por las que hace 20 años, cuando tenías 37, bajabas y subías tal vez ebria, tal vez sobria, tal vez sin imaginarte que te pasarías 175.200 horas sin tocarlas. […] [Gustavo Ospina Zapata/elcolombiano.com/Rosa volvió a salir despúes de vivir encerrada 20 años]

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