Île de Ré

Cuesta 16 euros el conducir a través del puente con la autocaravana. Una vez en el otro lado tiene la pequeña Île de Ré mucho que ofrecer.

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Aquí hay playas, salineras, criaderos de ostras, tiendas interesantes y mercados diarios. Pero en temporada alta suele estar lleno de gente y es difícil de aparcar el vehículo recreativo.

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A una media hora en coche desde La Rochelle, en el lado oeste de Francia, comienza el puente de peaje. El precio se siente innecesariamente alto y da una triste primera impresión. Afortunadamente no cuesta nada cuando se conduce de vuelta, algo que descubrimos en el viaje de regreso al día siguiente.

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A pesar de la tarifa de peaje es la Isla de Ré es un lugar favorito para muchos amantes de vacaciones. Durante la temporada alta se hacinan cientos de miles de turistas en la isla de tres millas* de largo. Y no son sólo turistas franceses los que deciden viajar aquí. También a los británicos parece que les gusta la isla. Tal vez tenga que ver con la historia. Durante ciertas épocas ha habido aquí dominación británica.

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La población residente cuenta con unos 20 000 habitantes. Junto con aquellos que tienen casas de vacaciones en la isla, no raramente gente de París, la población se ‘hincha’ a unos 200 000. La popularidad de la isla se refleja no menos en los precios. Cuesta estar en la cima.

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Totalmente gratis es por el contrario visitar alguna de las muchas playas. Las más fácilmente accesibles son las del sur de la isla. Más al norte, las playas son de piedras y cubiertas de algas.

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Durante mi visita a principios de julio de 2011 pruebo una de esa playas de kilómetros y kilómetros en el lado suroeste.

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La arena es limpia y hay abundante espacio. Pero tomar un baño no es tan fácil. Hay que vadear largo tiempo antes de que sea lo suficientemente profundo. De vuelta en la playa está el aire lleno de irritantes moscas de algas. Zumba alrededor del cuerpo en todo momento y no es especialmente relajante.

Una actividad ciertamente agradable en la isla es por el contrario visitar alguno de los muchos encantadores pueblos y las ciudades.

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La ciudad más grande se llama Saint-Martin-de-Ré. Aquí pasea la gente por los muelles en el puerto deportivo en el centro de la ciudad hasta altas horas de la noche. Los restaurantes y cafeterías están no lejos unos de otros y mucha gente disfruta de un aperitivo antes de que sea la hora de cenar.

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Elegimos un bistró con mucha gente en la terraza. Es un buen barómetro de que el sitio es agradable. Festejamos con un tierno entrecot madurado en cámara con patatas fritas excelentemente cocinadas. A eso unos cuantos vasos de vino tinto. La botella, una Châteauneuf-du-Pape de vendimia decente, cuesta 32 euros. No está nada mal teniendo en cuenta lo que tenemos que pagar por un vino similar en Suecia.

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En las tiendas en la pequeña ciudad hay ropa de moda de último diseño, zapatos, telas hermosas de Túnez y mucho más. Si esto no fuese suficiente hay un mercado cada mañana en las aldeas.

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En uno de estos pueblos haceos turismo una mañana soleada. La Couarde sur mer, a pocos kilómetros al oeste de Sainte-Marie-de-Ré tiene un ritmo lento.

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Somos varios los que aprovechamos para tomárnoslo con calma, sentados en uno de los muchos cafés y terrazas. Es agradable descansar a la sombra de los toldos y observar a la gente que pasa, muchos de ellos con una barra de pan/baguette bajo el brazo.

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Una característica de la isla es también el estilo de las calles y plazas. Tanto la gente como el medio ambiente emana conciencia de bajo perfil. Como que no se debe ver lo caro que es.

En cuanto a los edificios hay reglas estrictas. Las casas no pueden ser por ejemplo más altas que dos plantas y las fachadas deben ser salpicadas con mortero. Los pueblos son por eso cautivantemente pintorescos. En varias tiendas de decoración ofrecen ayuda profesional para aquellos que necesitan una mano con su pequeña ‘maison’. Todo para encajar y ser comme il faut. [husbilhusvagn.se/nyheter/husbil-husvagns-frankriketur-del-4]

* 3 millas = 30 km (1 milla sueca = 10 km)

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