Muhammad Ali

Ali estaba dispuesto a sacrificarlo todo por lo que creía

Hoy cumple Muhammad Ali 70 años de edad. Él nació como Cassius Clay en Louisville, Kentucky, se convirtió en campeón del mundo en pesos pesados y fue durante muchos años (no me creeréis seguramente ahora!) la cara más famosa del mundo.

Qué luchador que era!

Y qué fanfarrón irresistible!

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Sudoroso y emocionado reporté a ustedes que leen Expressen todos sus combates del Mundial, excepto uno.

Él me llevó a Kinshasa en Congo (donde cortaron las líneas telefónicas cuando Mobutu iba a ver el combate; tan cerca de un ataque al corazón que estuve!). Volé a Tokio, a Houston, Texas, a Manila en Filipinas y – Dios sabe cuántas veces – al paraíso de los juegos de azar Las Vegas que se convirtió en la meca de los grandes combates del pugilismo mundial.

Pensé que Sonny Liston lo iba a golpear a muerte, pero fue todo lo contrario, bueno, casi. Lo vi recibir paliza de Joe Frazier, pero tomar venganza. Brevemente dicho, llegué a experimentar la carrera deportiva más notable de la historia – y de muchas maneras la más peligrosa…

Sí, peligrosa! Se puede ver ahora cuando se muestran fotos. Del más grande y más guapo queda – una ruina, un viejo que se tambalea alrededor que (tan obvio, es tan terrible) ha recibido demasiadas hostias en las mandíbulas. Y no cualquier clase de hostias: Liston, Frazier, (qué bombas!) y Ken Norton y Cooper y todos los otros. Conmoción cerebral tras conmoción cerebral hasta que apenas quedaban células en el cerebro a sacudir. Además padece de la enfermedad de Parkinson.

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De vez en cuando pude hablar con él, lo que no fue fácil. La primera vez (era todavía Cassius) se permitió ponerse a dormir de mis preguntas. Yo estaba sentado allí y le miraba. Hasta que me fui, acompañado de sus ronquidos.

Luego entrenaba haciendo jogging antes de un combate con pesadas suelas de plomo. Le pregunté:

– ¿No es estúpido? ¿No obtienes mejor condición física corriendo normalmente?

Me miró un tanto desdeñosamente y me contestó:

– Ninguna otra persona hará el trabajo que voy a hacer …

Punto, final. 

Naturalmente tenía razón. Él era único. Muchos otros pesos pesados ​​han tenido mayor presión en los golpes: Joe Louis, Liston, Frazier, seguramente mi amigo Ingemar Johansson de Gotemburgo. Lo que Ali tenía no era el terrible golpe asesino pero una precisión, una inteligencia en el ring como ningún otro. Él sabía lo que su oponente iba a hacer antes de que el oponente lo hubiera pensado él mismo. Él podría evitar golpes inclinándose hacia atrás – por lo general prohibido! – y lanzar su recta izquierda a la cara de quien quiera que fuese, sólo como le placía.

Él era un hombre honrado. Cuando iba a ir a Vietnam (los que sois un poco mayores podréis recordar la horrible, larga guerra), dijo que no:

– No tengo nada en contra de los ‘Vietcong’, dijo, y fue despojado de su título de boxeo y suspendida su licencia de boxeador durante casi tres años.

Si hubiese cambiado de parecer, habría sido un héroe en los medios de comunicación y círculos oficiales, entre los hombres de poder y mujeres.

Pero él mantuvo su opinión (que yo no compartía) y se perdió millones de dólares y toneladas de titulares. También decidió convertirse en Black Muslim – o sea, miembro de una extraña y, en mi opinión, secta aborrecible.

En húmedo como en seco, en prosperidad como en adversidad, mantuvo el estilo. Él era un luchador genial y el mayor atleta de su tiempo, pero sobre todo era un hombre independiente, dispuesto a sacrificarlo todo por lo que creía.

Mejor no puedo decir sobre ninguna persona y lo único que queda es por eso elevar el vaso de cerveza en la habitación del hotel en Berlín, donde se escribe esto y hacer un brindis con el recuerdo y decir:

– ¡Enhorabuena, Champ! [expressen.se/]


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