Los vascos han habitado desde la prehistoria una región que abarca el norte de España y el suroeste de Francia, caracterizada por sus paisajes montañosos y sus praderas. Se trata de uno de los pueblos más ancestrales de Europa, y su idioma, el euskera, ha devanado los sesos durante siglos a los estudiosos, pues esta lengua enigmática es de las más antiguas habladas aún hoy en el viejo continente, y cuyo origen es incierto, no presentando relación alguna con otra lengua conocida. Se trata de un pueblo indómito, que ha logrado mantener su identidad cultural por milenios, resistiendo invasiones, saqueos, pillaje y todo tipo de intento de absorción llevada a cabo por distintos imperios.
La diáspora** vasca, fruto de la emigración por razones económicas (herencia, recursos limitados, oportunidades laborales) y políticas (guerras carlistas, represión franquista), ha dispersado a millones de vascos por el mundo. Para mediados del siglo XIX, la diáspora vasca era mayor en Colombia que en la misma España, contando con 2,8 millones de vascones que habitaban estos parajes, mientras en el país ibérico permanecían 2,6 millones de ellos. La afluencia vasca hacia tierras antioqueñas fue particularmente significativa. Llegaron en búsqueda de oro, tierras fértiles y climas favorables para la agricultura. Los vascos, comerciantes ambiciosos, encontraron además en Antioquia un creciente enclave comercial para desarrollar sus negocios.