Llevo más de un año diciendo que los coches eléctricos me dan un asco que no puedo con ellos. Para empezar, su altura, que los hace más feos que el demonio. Luego el tema de la batería que da terror solo el pensar en el no disponer de un enchufe propio y tener que andar buscando puntos de recarga de acceso público, pensando todo el puto día en si se va a quedar uno tirado en mitad de la carretera. La pinta que tienen esos coches tampoco ayuda a cambiar de opinión. ¡Hostias, qué feos son!.

Antes, la parrilla de un coche era como su DNI. Veías la parrilla y sabías qué marca de coche tenías delante. Ahora, en un montón de modelos, la han quitado y colocado en su lugar una especie de tapadera de plástico con el logo ahí pegado en medio. En mi opinión, un coche sin parrilla es como una mujer sin tetas, o sea, ‘algo a lo que le falta algo’. Un coche al que le falta la parrilla.

La parrilla clásica de Volvo, por ejemplo, siempre había sido bonita. Nunca oí a nadie decir que había que quitarla. Viendo lo que las automotrices fabrican hoy en día, lo único que se le ocurre a uno es decir: ¡Joder!, cualquier tiempo pasado fue mejor!.

Esas superficies tan lisas y aburridas, no dicen nada. Hay coches que parecen un dibujo a medio terminar, como si el diseñador se hubiese olvidado del morro. No solo han afeado los modelos que fabrican actualmente quitándoles las parrillas a los coches, ahora tampoco fabrican los faros redondos como antes. Casi todos los modelos de casi todas las marcas destacan en el diseño automotriz actual «por ópticas ultradelgadas, rasgadas y minimalistas que asemejan ‘ojos asiáticos’ de estética agresiva y futurista creando un aspecto de mirada gatuna u ‘ojo asiático’ con grupos ópticos muy angulados y estrechos que rompen con los clásicos faros redondos». O sea, los coches cada vez más feos. Antes las automotrices se esforzaban en crear modelos de coches chulos, algo así como “cuanto más bonito era el coche más vendía”. Eso ya se acabó. Temas como aerodinámica, consumo, seguridad para peatones ‘y el copón’, han puesto fin a todo lo que dominaba antes. Ha ocurrido como en la construcción, los edificios que construyen ahora, cada vez más feos.

Pero algo está pasando: los chinos se han dado cuenta de que ahí faltaba algo. ¿Y qué han hecho para arreglarlo? Pues volver a poner las parrillas de antes… ¡pero se han pasado tres pueblos!. Han pasado de la aburrida tapadera que no dice nada a meter unas parrillas gigantescas XXL (de ~  media altura del coche). Como escribe Shaun Lee en WapCar: “al mercado chino le gustan las parrillas grandes si están bien ejecutadas, como en coches de la talla del Rolls-Royce Phantom, el Mercedes-Benz Clase S, el Audi A8 o el Lexus LS.” «En la cultura china del automóvil, el frontal de un coche representa el «rostro» del dueño. Una parrilla enorme, cromada e imponente comunica de inmediato poder, riqueza y éxito social.»

En fin, “algo es algo, dijo un calvo cuando se encontró un peine sin púas”.