El presidente de la Generalitat valenciana sigue en el cargo. Alberto Núñez Feijóo lo protege por su «coherencia y valentía». Mazón sabe lo que hay que saber: dónde estaba (y cómo) cuando ‘desapareció’ en el mayor ejercicio de irresponsabilidad institucional de las últimas décadas: 225 muertos

Que Alberto Núñez Feijóo insista en darle bola a Carlos Mazón, presidente de la Generalitat Valenciana, es un ejercicio halterofílico de irresponsabilidad. Mazón no es el problema de Feijóo, sino su coartada: el inconveniente es que nadie sabe muy bien para qué. Parece que Carlos Mazón esconde en los subsuelos del móvil la razón de su escaqueo en la tarde infausta de la dana. No hace falta ser de izquierdas o de derechas para aceptar, por decencia, que este hombre es un cadáver político. Nadie debería mantenerse en lo alto de la administración si cientos de miles de personas (también de las que lo votaron) lo repudian por sus faltas. España es un país generoso para la corrupción. Carlos Mazón está corrompido por una tenebrosa miscelánea de incompetencias: ocultar información esencial de su paradero en las horas claves del desastre, absentismo laboral, el jaleo del Ventorro y la periodista y la factura no presentada de aquel almuerzo. Resultado: 225 muertos. Un récord inhabilitante.

También debe responder por esto otro: la confección de un equipo de presidencia donde la ex consejera de Emergencias, Salomé Pradas, confiesa ante la jueza que instruye el caso que carece de conocimientos sobre la gestión Emergencias y que tampoco contaba con asesores capaces de resolverle las dudas. Así no hay Dios, ni hijo de Dios, capaz de alertar de nada. Esta mujer, escogida por Carlos Mazón para ocupar un puesto remunerado con dinero público, podría ser cualquier cosa. Una vez que no sabes de nada puedes ejercer de todo. Resultado: 225 muertos.
[…][Carlos Mazón, la insoportable verdad de las mentiras] – Antonio Lucas

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