AUMENTAN EL HAMBRE Y LA MENDICIDAD EN LA ISLA
Pese a que la narrativa oficial procura huir de la palabra pobreza, la desigualdad que los revolucionarios prometieron erradicar es cada vez más patente.
Eran casi las cinco de la tarde de un día de inicios de agosto cuando se vio a Marta Pérez pedir dinero bajo el sol implacable que caía sobre el bulevar de San Rafael. La piel de arrugas finas, el vestido de rayas, el pelo a la altura del mentón y las uñas larguísimas, como una dama antigua, como una aparición por las calles de La Habana. Conducía un cochecito en el que iba su nieta de un año, de ojos curiosos, que se llama Cristi, o Crista, dice. Marta, de 70 años, no sabe precisar bien el nombre de la nieta, que la acompaña en la faena que nadie quiere hacer, porque quién, a la larga, desea extender la mano para que le pongan uno, dos, cinco pesos cubanos. Pero hay que comer. “Aunque sea un poquito de arroz y frijoles negros”, dice la señora. “Porque para comprar carne no tengo”.
Vive con su hija, una auxiliar pedagógica embarazada, sus tres nietos y su esposo, de 79 años, que recibe una pensión, pero “malamente le alcanza para comprar los mandados de la bodega”. Marta, que por años vendió croquetas, helados y refrescos en el restaurante El Viso, de El Vedado, también debía tener derecho a su jubilación, pero su expediente laboral se extravió y, por tanto, quedó en la nada el trabajo de toda la vida. A veces los vecinos la llaman: “Me dicen ven y lávame la ropa, que te voy a pagar”. En ocasiones limpia casas. Pero no alcanza el dinero, como no le alcanza a casi nadie en Cuba hoy.
Marta necesitaría aproximadamente 41.735 pesos cubanos (casi 100 dólares en el mercado informal) para garantizar un mes de comida digna, el equivalente a 20 salarios mínimos o dos años de pensiones para sentarse a la mesa con un plato de arroz, frijoles, carne, algún tipo de vianda o ensalada. Fueron los cálculos obtenidos por el Food Monitor Program (FMP), un programa enfocado en el rastreo y denuncia de la inseguridad alimentaria en Cuba, que controló por seis meses el precio de los alimentos en bodegas, mipymes, ferias y ventas en el mercado negro.
Es difícil sobrevivir hoy en el país de los apagones de hasta 18 horas, de las jornadas enteras sin servicio de agua, el país de las varias monedas, de la inflación del 10%, con alimentos cada vez más caros, y donde el dólar —que alcanzó la cifra histórica de más de 400 pesos en el mercado informal— se traga los pesos cubanos. Hay organizaciones que se han dedicado a contabilizar en números la desgracia cubana: la UNICEF asegura que uno de cada diez niños en la isla vive en condiciones de “pobreza alimentaria severa”; el FMP que cada vez más cubanos solo comen una vez al día; mientras que el último estudio del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) revela que 7 de cada 10 cubanos ha dejado de desayunar, almorzar o comer, debido a la falta de dinero o a la escasez de alimentos y que casi el 89% de la población vive en la extrema pobreza.