Los ciudadanos de Alberta, una de las provincias más ricas y petroleras de Canadá, votaron el 19 de octubre de 2026 sobre la posibilidad de avanzar hacia un referéndum vinculante de independencia. Aunque las encuestas sitúan el apoyo a la separación alrededor del 25 %, el movimiento independentista ha ganado fuerza durante los últimos años.
La principal causa del descontento es económica. Los separatistas consideran que Alberta, con unos 5 millones de habitantes y enormes recursos de petróleo y gas, aporta mucho más dinero al sistema federal canadiense del que recibe a cambio. También sostienen que otras provincias se benefician desproporcionadamente de la riqueza generada en Alberta.
Otro importante foco de conflicto son las políticas climáticas y medioambientales del Gobierno federal liberal. Los independentistas y sectores conservadores de Alberta consideran que Ottawa está perjudicando su industria energética mediante restricciones que dificultan la explotación, construcción de oleoductos y exportación de petróleo y gas.
Los partidarios de la independencia argumentan que una Alberta soberana podría conservar una mayor parte de sus ingresos energéticos y decidir libremente sus políticas económicas y petroleras, sin depender del Gobierno federal.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, que creció en Alberta, ha defendido la unidad nacional con el mensaje “Vale la pena luchar por Canadá” y advierte de las consecuencias de abrir una crisis separatista, especialmente en un momento de tensiones con Estados Unidos por los aranceles y las declaraciones de Donald Trump sobre convertir Canadá en el 51.º estado estadounidense.
En resumen: el independentismo de Alberta se alimenta fundamentalmente de tres factores: petróleo, dinero y autonomía frente a Ottawa. Sin embargo, según las encuestas citadas, la mayoría de los habitantes continúa prefiriendo permanecer en Canadá.