- La vida, pero también las decisiones económicas de Brigitte Bardot, (28 septiembre 1934 – 28 diciembre 2025), a los 91 años, dan fe una historia de elecciones radicales: la fama y el dinero se transformaron en una herramienta para proteger a los animales. Sus propiedades, gran parte de sus bienes e incluso La Madrague, su emblemática villa en Saint-Tropez, se destinaron a la Fundación Brigitte Bardot, la principal heredera elegida por la diva.
- En lo que respecta estrictamente a la sucesión, el panorama se complica. A su único hijo, Nicolas-Jacques Charrier, le corresponde por ley una parte mínima de la herencia, ya que en Francia los hijos son herederos “obligatorios”. Esto significa que, aunque Bardot hubiera querido excluirlo del testamento, su hijo tendría derecho al menos al 50% del patrimonio restante.
- Sin embargo, dado que la estructura de activos creada por la diva hizo que la mayor parte de los bienes más valiosos, y sobre todo los inmuebles, se hubieran adelantado a la Fundación, aunque siguiera siendo heredero legal, Nicolas-Jacques podría no recibir materialmente las propiedades más emblemáticas o rentables. La estrategia de Bardot fue convertir la Fundación en la verdadera “heredera económica” de su vida, mientras que a su hijo le queda la cuota mínima garantizada por ley.

- Brigitte Bardot descansará en el Cimitero marino di Saint-Tropez, donde están enterrados sus padres, según informaron fuentes del ayuntamiento de Saint-Tropez citadas por la agencia France Presse, sin indicar, sin embargo, la fecha del funeral. Y no junto a sus animales, en un jardín de La Madrague, como deseaba: “Se han completado las formalidades. Las autoridades han aprobado un lugar específico, lejos de miradas indiscretas, pero cerca de las tumbas de mi pequeño cementerio de animales”, explicó.

- «Me encanta el lugar de mi descanso eterno: lo elegí conscientemente, pero desde que tomé esa decisión, no quiero ir allí. Me invade una extraña sensación solo de pensarlo. Visitar mi tumba antes de estar allí sería como enfrentarme a mi propio final. No tengo prisa: ya tendré todo el tiempo del mundo para estar en ese lugar.
Artículo publicado por Vanity Fair ‘Italia’ y traducido por Isabel Escribano Bourgoin. Acceda al original aquí.
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