En la habitación blanca de un hospital, donde todo es frío y doloroso y las sonrisas escasean, alguien con la capacidad sobrehumana de hacer feliz a todo a su alrededor atraviesa la puerta. Al contrario de lo que podría esperarse, no se trata de un médico, un auxiliar o un enfermero. Es Thor, un pequeño amigo de cuatro patas, de raza bichón maltés y pelo blanco, casi del color de las sábanas, que el pasado viernes 22 de agosto accedió al Hospital San Juan de Dios para hacer compañía a su dueño, un pamplonés de 77 años que permanecía ingresado allí, en sus últimos días con vida.
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