Asaltos y el desplome de Tesla en bolsa marcan la incursión del magnate en la Administración Trump
Durante años, Elon Musk cultivó la imagen de un visionario obsesionado con el futuro, esquivando el fango de la política y centrándose en Tesla y SpaceX. Sin embargo, el verano pasado, el magnate decidió entrar de lleno en el juego del poder, convirtiéndose en un influyente donante de la campaña de Donald Trump, con cerca de 300 millones de dólares. Lo que parecía una jugada maestra ha terminado siendo un boomerang.
Su incursión en la política ha provocado un terremoto que ha sacudido no solo su imagen, sino también el rendimiento de su marca de coches eléctricos Tesla. Desde que Musk expresó su apoyo a Trump y, más recientemente, al partido de derecha radical Alternativa para Alemania (AfD) y Reform UK en Gran Bretaña, el empresario ha quedado atrapado en el ojo del huracán.
Las consecuencias han sido inmediatas y brutales. La marca ha sido objeto de una oleada de ataques violentos. Según The Washington Post, tras la investidura de Trump, más de una docena de actos vandálicos han afectado a Tesla, incluyendo incendios provocados, cócteles molotov y disparos contra concesionarios y estaciones de carga.