Se pregunta el “periodista especializado en asuntos internacionales y económicos, antes (1999-2021), corresponsal en Asia con base en China” ZIGOR ALDAMA, en el titular de su artículo “679 metros, 118 pisos… ¿será este el último gran rascacielos?” sobre el sinsentido de la construcción de rascacielos, y si el neofuturista Merdeka 118, el segundo rascacielos más alto del mundo, inaugurado este año en Kuala Lumpur, será el último en la carrera de récords.
El artículo incluye todo tipo de detalles técnicos o relacionados con este rascacielos y lo que el fundador del IAAC opina sobre la “construcción en altura”. Que “no tienen mucho sentido, que cada vez menos gente desea trabajar en este tipo de edificios, que se producen grandes aglomeraciones en horas punta, el temor que algunos sienten a estar por encima de las nubes, imágenes de incendios terroríficos o atentados como el que acabó con el World Trade Center de Nueva York”, etc..
Todo, tanto lo que escribe Zigor Aldama como lo que opina Vicente Guallart, está muy bien.
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Pero mi explicación es mucho más simple de que tenga o no sentido, y es que la construcción de rascacielos seguirá en auge.
Esto debido simplemente a que abundan en la población mundial personas que sufren de la enfermedad llamada “Mírame”, que en Suecia la llaman “Titta På Mig Sjukan”. Por lo menos seguirá la construcción de rascacielos residenciales, y el último ejemplo es Karlatornet en Gotemburgo (la Torre Karla, el rascacielos residencial más alto de toda la UE).
Hay personas que no les gusta que la gente les mire, que les gusta pasar desapercibidas y otras que les gusta todo lo contrario. Un ejemplo de ello es, por mencionar alguno, el aumento de tatuajes en la población.
Los que compran piso en rascacielos residenciales sin ventanas, lo hacen por presumir de que viven en el rascacielos tal o cuál. Para “impresionar” a sus amistades y tal y cuál…
Así de simple.