Una instalación artística iraní atrae a multitudes que gritan consignas a un imitador
La exhibición en la plaza Tajrish presenta a un imitador de Trump en un contexto de acusaciones por crímenes de guerra, como parte de una campaña de 15 días.
Simulacro de prisión para Trump
Una instalación a tamaño real que muestra al presidente estadounidense Donald Trump tras las rejas ha atraído a multitudes en Teherán. Conductores y peatones se detienen para grabar la escena, hacen sonar sus bocinas y gritan al actor que encarna al líder estadounidense.
La exhibición, montada por la Organización de Embellecimiento de la ciudad, se encuentra suspendida sobre la plaza Tajrish, un importante centro comercial y de transporte situado en un distrito acomodado del norte de Teherán. La instalación, que funciona las 24 horas del día, constituye el eje central de una campaña de 15 días. Según las autoridades municipales, el objetivo es recordar a los ciudadanos las exigencias de justicia de Irán y pedir responsabilidades a los líderes estadounidenses por las víctimas civiles y los presuntos crímenes de guerra.
Un actor interpreta su papel dentro de una celda suspendida
La celda simulada, ubicada a varios pisos de altura sobre la plaza, contiene una cama, un lavabo y un inodoro. El actor viste un traje oscuro y una corbata roja, y utiliza una máscara protésica junto con una peluca para asemejarse a Trump. Camina de un lado a otro dentro del recinto, se agarra a los barrotes, duerme la siesta y parodia el baile que el presidente suele realizar al ritmo de la canción «Y.M.C.A.».
Cerca de la instalación, varias pantallas electrónicas muestran imágenes relacionadas con un presunto ataque mortal perpetrado por Estados Unidos durante una boda en Kuhestak. Unos mensajes que se desplazan en pantalla —enmarcados por una cinta amarilla similar a la utilizada en escenas de un crimen— sugieren que no prestar atención a la instalación equivale, en sí mismo, a un delito. Otros elementos de la exhibición acusan a Estados Unidos de crímenes de guerra y denuncian la muerte de civiles en ataques contra escuelas y bodas.
La celda suspendida se ha convertido en un espectáculo para quienes transitan por la plaza. Los conductores detienen sus vehículos para tomar fotografías, hacen sonar sus bocinas y gritan hacia el actor. Por su parte, los peatones se reúnen para grabar la escena y tomarse «selfies». Las reacciones son variadas: van desde el humor y la burla hasta el enfado. Un transeúnte bromeó diciendo que los curiosos pagarían la fianza del imitador, mientras que un adolescente le lanzó una amenaza.