El dinero manda sobre la moral

Tiene que haber una voluntad de decir no a los déspotas

dinero y moralHace unos años entró un representante de la Embajada de China en el Ministerio de Relaciones Exteriores en Estocolmo con un mensaje específico a los políticos suecos. Su empleador en Pekín había tomado nota de que existía un escepticismo sueco pronunciado hacia la eliminación del embargo de armas actual de la Unión Europea a China.

Lo que el mensajero quería dejar claro es que aquellos países cuyos gobiernos se opusieran a la supresión del embargo podrían terminar en una mala luz, cuando los nuevos acuerdos de negocios fuesen a realizarse. En lenguaje sencillo, el mensaje era que las grandes empresas como Ericsson y Volvo podrían perder pedidos millardarios chinos si el gobierno tomara una decisión equivocada sobre el embargo de armas.

Cuando una cumbre de la UE más tarde decidió la cuestión cambió Suecia de pie, una conversación telefónica entre el entonces primer ministro Göran Persson y el líder del Partido Moderado, Fredrik Reinfeldt, llevó a que el gobierno de Suecia se uniera a los países de la UE que querían trabajar para el levantamiento del embargo.

En el debate sobre las exportaciones suecas de armas a Arabia Saudita es el ejemplo del embargo a China una experiencia que merece reflexión. No porque sean líderes chinos o saudís los que dirigen la política exterior sueca, sino porque la economía y la política real son cruciales en las relaciones con las dictaduras del mundo.

En una situación en que la mayoría de los países dependen de las relaciones comerciales buenas para el desarrollo económico y el empleo, son regímenes como los de Beijing y Riad los que marcan el ritmo. Cuando Fredrik Reinfeldt en relación con la visita presidencial china a Suecia anda a tientas en la terminología y dice que “nos gusta mucho acerca de los derechos humanos”, se debe a que las empresas suecas no vayan a caer en desgracia con los que controlan el mercado más grande del mundo.

Cuando Carl Bildt en medio de la primavera árabe habla sobre la importancia de la estabilidad y se niega a exigir la salida del Sr. Muhammar Gaddafi, es porque está alejado de una política exterior impulsada por los valores. Cuando el mismo Bildt felicita a Putin por su victoria en una elección presidencial fraudulenta, o invita a los representantes del estado canalla de Eritrea a la boda de la princesa heredera, se debe esto a que la etiqueta diplomática se ha convertido en superior a la simple moralidad.

Nadie cree que los boicots políticos o sanciones de un golpe hagan la situación más llevadera para aquellos que son oprimidos en todo el mundo. Pero tiene que haber una voluntad de decir no a los déspotas, a por sus calificaciones de crédito y el bien de su credibilidad no ser arrastrado a la adaptabilidad y falta de principios.

En una moción parlamentaria de 2005 se discute la importancia de la política lingüística clara y la necesidad de una opinión pública activa contra la dictadura más grande del mundo:

“Cualquier tendencia al relativismo de los derechos humanos en China hace a Suecia en parte moralmente responsable de las violaciones que están en curso. La situación es tan grave que debería ser una cuestión dominante en la agenda de política exterior”, se dice.

La moción está firmada por Sten Tolgfors – en estos días el personaje principal en el debate sobre la doble moral y la política exterior sueca. [Det måste finnas en vilja att säga nej till despoter – Metro]

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