La pesadilla de Berlusconi

berlusconi4 Antonello Zapadu, el fotógrafo que puso a temblar al primer ministro italiano al revelar sus correrías sexuales, pasó por Cali. Crónica de un almuerzo familiar que expuso las ‘debilidades’ de uno de los ojos más afinados del mundo.
1. Zorro en la nieve
A 9.957 kilómetros de Roma, Antonello Zapadu no se ve como el mal sueño de nadie. El fotógrafo que puso en jaque al poderoso Silvio Berlusconi, al revelar las imágenes de sus escándalos sexuales, ha devuelto una pieza de pollo al sartén porque su esposa prefiere que la carne esté apanada y no rebosada en salsa de naranja.
El primer plato, penne en jugo de berenjena, no fue del todo un acierto: Susan, la caleña con la que se casó hace cuatro años, se la ha pasado apartando los trozos del vegetal y se ha comido sólo la pasta. Zapadu, célebre por su puntería con la cámara, no ha tenido buen ojo para escoger el menú que preparó y ahora su imagen de esposo esmerado contrasta con lo dicho por el Primer Ministro italiano desde que sus fotos lo convirtieron en un político insomne: “Ese tipo es una pesadilla”.
El almuerzo transcurre en casa de unos amigos. Los Zapadu, que viven en Colombia desde enero, están de visita en Cali. Valentina, la hija de 4 años, permanece en las piernas de Susan, una chica de cabello negro y sonrisa grande de la que Antonello quedó prendado apenas la vio. A la luz del amor, eso que en otros casos se cuenta como fortuna, en esta ocasión parece lógica: un fotógrafo se enamora a primera vista; pero esa historia será contada después. Francesco, el otro niño de la pareja, de apenas 1 año, es arrullado por el padre y la mamá recompensa el esfuerzo con un beso. Si es cierto que una imagen vale más que mil palabras, aquella es la estampa legítima de una familia feliz.
Lejos del asedio de la prensa internacional intentando convencerlo de que entregue alguna de las diez mil fotografías que entre 2007 y 2008 le tomó a Silvio Berlusconi en su villa del pecado, y del acoso de los carabinieri (el cuerpo de seguridad del estado italiano) tratando de presionarlo para que nadie las vea, Antonello pasa un año sabático en este país sin más afanes que ser un padre amoroso, un marido devoto, un cocinero dedicado. Y mientras tanto la Canon Mark III, el equipo con el que captó los excesos de ‘il cavaliere’ con tal nivel de exposición como para que le haya sido abierta una investigación sobre presunto abuso del poder, permanece sin obturarse. ¿Cómo fue que escapando de las presiones, Zapadu terminó justo aquí, donde el año pasado fueron denunciados 130 casos de violación a la libertad de prensa?
Ahora, recostado sobre un sofá de fieltro blanco, con la cabeza y la barba recién afeitadas, vestido de jeans y sandalias como un turista de oficio, los días en que cumplía más de doce horas haciendo guardia para cazar imágenes parecen ya muy lejanos. Y esa es la razón principal por la cual, quizás, esa aparente tranquilidad de la que gozan todos no sea una simple pose. Susan, al hablar de ese otro tiempo, por ejemplo, tuerce la boca replicando el gesto de hastío de las chicas que recuerdan a sus hombres en la guerra: “Una vez, en su cumpleaños, sus amigos le dieron una caja con plantas y pintura para camuflarse”.
El comentario daría pie para una revelación hasta ahora inédita en el centenar de entrevistas que Zapadu antes concedió en periódicos y revistas del mundo: paradójicamente, el éxito de su seguimiento dependió de una capacidad para permanecer inmóvil semejante a la de un cazador de zorros en la nieve. […][
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