Editorial: Las falsas perlas de los separatistas en Cataluña

Traducción del artículo editorial

Ledare: Separatisternas falska pärlor i Katalonien (Redacción de Dagens Nyheter)


Los separatistas de Cataluña generan confusión. Esto se debe en el fondo a que tienen malos argumentos.

El mensaje fue difuso, y ese era precisamente el propósito. El jefe del gobierno catalán, Carles Puigdemont (JxSí), dijo que la independencia de España será proclamada, pero no hasta dentro de unas semanas. No se votó en el parlamento regional, a pesar de que dispone de una declaración latente de independencia. Y el “mandato” se derivaría del referéndum ilegal y caótico del pasado domingo, donde nadie puede saber cuántas personas realmente participaron.

El primer ministro de España, Mariano Rajoy exige ahora claridad: ¿Habéis proclamado independencia o no? En caso afirmativo, se activará el artículo 155 de la Constitución, que permite la cancelación del autogobierno de Cataluña. Pero el cordón de esta bomba todavía no está encendido.

De una manera, el discurso de Puigdemont el martes por la noche fue una retirada. La determinada oposición del gobierno de Madrid es un factor. Pero son sobre todo tres cosas las que han perturbado el vertiginoso viaje de los separatistas catalanes, o más bien han revelado sus mitos.

En primer lugar, no hay mayoría por la independencia. Cataluña está profundamente polarizada, y cuéntese como se cuente una gran parte de la población no está en absoluto interesada en abandonar España. Los fanáticos separatistas luchan todo el tiempo por esconder esa realidad.

Mediciones de opiniones suelen ir a parar a más o menos en un 40 por ciento de apoyo a la independencia. Los dos repugnantes referéndums constitucionales que se han celebrado no han demostrado ninguna otra cosa, incluso para aquellos que creen en las cifras del gobierno regional. Las elecciones catalanas del 2015 dieron una pequeña mayoría en el parlamento a los partidos separatistas, pero se basa en una minoría de votos. Los amantes del divorcio han utilizado todos los trucos posibles para triunfar a través de su línea.

En segundo lugar se basan las promesas acerca de una transición sin dolor en puras ilusiones. La amenaza de independencia ha hecho ya al mundo empresarial a votar con los pies. Dos grandes bancos han decidido traladar su sede social fuera de Cataluña. Seis de las siete empresas con sede en Cataluña en la lista de grandes empresas de la Bolsa de Madrid les han seguido. Saben que arriesgan caer fuera de la UE y de la unión monetaria.

En tercer lugar, dicho sea, Cataluña no recibiría de ninguna manera un billete gratuito para la entrada en la UE. Ni la Comisión ni los Estados miembros aceptan los argumentos de los separatistas, de que pueden hacer caso omiso de la Constitución española e invocar un Derecho Internacional Público de fabricación casera. Se alzarían muros de aduanas, y Cataluña no tiene ninguna garantía de siquiera utilizar las normas comerciales de la OMC. Con la cooperación europea desaparece también la red de seguridad del BCE.

Al mismo tiempo, fueron las ambiguas declaraciones de Puigdemont un intento de continuar la extorsión contra Madrid y ocultar la división en su malsana alianza. Él mismo ha estado a favor de la independencia desde antaño, a diferencia de su recién salido partido burgués. Los miembros de izquierda del ERC son actualmente los más grandes de la coalición, pero también incluye a extremistas de izquierda en CUP que exigen la retirada inmediata. Se negaron a aplaudir a Puigdemont y hablaron de traición.

La invocación de Rajoy a aclarar está en parte dedicada a prender fuego en esta batalla interna.

El llamado de Puigdemont al diálogo es directamente deshonesto. La “negociación” de la que habla es acerca de cómo se organiza la independencia, y se espera que Madrid capitule. La hablado sobre mediación internacional es igualmente algo desde un principio imposible. Por ejemplo, la UE no puede suspender la constitución de un Estado miembro.

Rajoy, por su parte, no puede confiar solo en el monopolio estatal de la violencia, como el domingo pasado cuando la policía intentó cerrar las mesas electorales. Debe tener cuidado con el artículo 155, de lo contrario los separatistas pueden beneficiarse. Pero negociar bajo amenaza de separación sería descartado por cualquier estado.

Cataluña cuenta ya con una amplia autonomía: educación, sanidad, cuerpo de policía, canales de televisión. Al idioma* se le han dado todas las posibilidades de prosperar. Esta es una de las regiones más prósperas de Europa. La “opresión” española es una increíble historia separatista**. El sistema de compensación fiscal significa que la rica Cataluña paga a españoles más pobres, pero no en la medida en que Puigdemont & Co afirman.

Pero muchos asumen la responsabilidad del conflicto y de la fragmentada Cataluña. En Madrid, la comprensión de los sentimientos catalanes ha sido ocasionalmente inexistente. Una constitución debe poder ser reescrita, aunque no sim salabim y por órdenes de los separatistas. Una amplia conversación sobre el futuro de España debe ofrecerse. Es el deber de Rajoy el hacerlo.
Los riesgos en el drama no pueden ser suavizados. La crisis política de España puede ser acompañada por una económica que se propague a toda la UE. El choque sería una prueba de supervivencia para la Unión.


  • * Cuando yo estudié en la antigua Universidad Laboral de Sevilla, nos hacían hincapié en que en España solo se hablaban 2 idiomas, el español y el euskera. Que el catalán, valenciano y gallego eran dialectos. Esto alguien -al parecer- lo modificó más tarde, no sé cuándo…

  • ** ?? !!

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