Che Guevara: El ‘semidiós’ de La Higuera en Bolivia

Cincuenta años después de su ejecución, la pequeña villa de La Higuera todavía es lugar de peregrinación de devotos del revolucionario… y más de un turista despistado.

Allí, sus 30 vecinos preparan una fiesta para el aniversario del 9 de octubre y piden su ayuda cuando desaparece una oveja: “Santo Che, ayúdanos”.

Al Che lo desmembraron entre todos: los militares le cortaron las manos para cotejarlas con sus huellas dactilares. Hubo uno que propuso decapitarlo: con ese trofeo nadie dudaría de su hazaña. Estaban ante un mito, casi un dios. Así que parecía una buena idea traerlo de vuelta al mundo de los humanos hurgando en su carne.

Por suerte, el resto de soldados no le hicieron caso. Se conformaron con otros trofeos con menos facilidad para pudrirse: la pipa de fumar, un reloj, el tabaco, etc. Nadie iba a protestar. Ernesto Ernesto Che Guevara yacía muerto. Había sido fusilado el 9 de octubre de 1967 en La Higuera, una aldea del altiplano de Bolivia. […]

Para algunos, sin embargo, no será una fecha tan especial porque lo veneran a diario. Como Irma, una anciana vecina de la Higuera. Tiene la piel curtida, áspera, y marrón como el cuero: «Fue un hombre de carne viva que ha andado sufriendo. Así que le pedimos que nos ayude con todas nuestras necesidades, nuestra pobreza».

La gente de la zona también le ora («Santo Che, ayúdanos») cuando ha desaparecido una oveja u otro animal. Alicia, otra vecina, le reza como a una figura divina porque, dice, es más que una estatua: «No es de yeso, por eso le pido». […] [Fuente: Che Guevara: en la aldea donde lo fusilaron ahora es un semidiós – EL MUNDO]


23 sep. 2007 >>> Aquí mataron al Che | Edición impresa | EL PAÍS: > “Hace 40 años, Ernesto Guevara era asesinado por el ejército en una aldea perdida de Bolivia llamada La Higuera. Desde entonces, este inhóspito enclave se ha convertido en lugar de peregrinación. Aquí aún muchos creen en sus poderes sobrenaturales. A La Higuera no se llega por casualidad. Dos horas y media para recorrer 60 kilómetros es lo que se demora un taxi desde la ciudad de Vallegrande. Un escarpado y angosto camino de tierra a más de 2.000 metros de altitud, entre las quebradas del sureste boliviano, comunica las dos poblaciones. Aquí no hay transporte público, tampoco electricidad ni agua potable, pero lo que sí abunda es la memoria de estos campesinos, que no olvidan el día que situó para siempre el nombre de La Higuera en el mapa de la historia.”

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