Cuando llueve en Barranquilla…

Fue el 3 de junio del 2003, leo en la ahora vieja mini-agenda que entonces usaba, cuando por primera vez experimenté el ‘atravesar’ a pie  una calle inundada en San Nicolás de Tolentino (nombre antiguo de Barranquilla) cuando regresaba a la casa de la familia donde me hospedaba en esa ciudad. El “arroyo” que cubría la calle tendría –calculé- unos 40 cm de profundidad y allí me lancé con la perrita de raza pinscher -que viajaba conmigo- en brazos y la mochila con todos mis bártulos a la espalda.

Lo que no había calculado fueron dos cosas:

  1. La fuerza del agua (que hizo que casi me cayera tres veces).
  2. Que pudiese ser arrastrado hasta el río Magdalena y luego al mar Caribe y más tarde ser encontrado muerto, como ya ha ocurrido, según EL HERALDO, a casi 100 personas desde 1933.

Según el mapa de arroyos que facilita este periódico debió ser el “Arroyo del Country” o Calle 76, ya que era por la zona ‘Carrera 46-Calle 76’ donde yo vivía.

O que nuestros cuerpos nunca hubiesen sido encontrados si la fuerza del arroyo -que desemboca en el río Magdalena- nos hubiese llevado al mar Caribe y allí hubiésemos sido devorados por los tiburones de arrecife!.

Que por qué ocurre esto que sorprende a los que por primera vez visitan la ciudad? Pues por lo visto Barranquilla carece de sistema de alcantarillado pluvial, de drenaje de agua de lluvias (la temporada de lluvias en Barranquilla se extiende de mayo a noviembre), formándose ríos rápidos conocidos como ‘arroyos’ que corren por las calles de la ciudad con tal fuerza que pueden arrastrar no solo a personas sino también a vehículos. Y no solo eso. Las consecuencias van más alla. Universidad del Norte lo describe más detalladamente: “Los arroyos en la ciudad ocasionan inundaciones, pérdidas de vidas humanas, daños en la infraestructura urbana y redes de servicios públicos, daños ambientales, parálisis en la actividad comercial, industrial, educativa y en el transporte urbano y deterioro en la salud pública”.

Luego me informé de los dos ‘descubrimientos’ que hice, el de los “arroyos en Barranquilla” y el del follón (que se arma uno) con la nomenclatura urbana (cómo denominan a las calles en Barranquilla y Colombia en general). (Las calles y sus nombres originales cambiaron sus nombres originales en 1940). A grandes rasgos: Calles o Diagonales y Carreras o Transversales (antes llamadas callejones) denominadas así según su orientación geográfica.

Cómo no se vuelven locos con tanto enredo en Colombia con estas denominaciones es algo que no entiendo…

Dejando a un lado estos dos ‘rompecabezas’, la gente de Barranquilla me pareció muy maja, muy ‘jatorra’. La familia con la que me hospedaba me llevó un día de ‘sightseeing’ en su coche y me mostró algunas de las atracciones de la ciudad y también –con orgullo- la casa donde vivió Shakira de pequeña, la ciudad de Cartagena haciendo una parada en el Volcán del Totumo y yo por mi cuenta visité Santa Marta. En definitiva, la impresión que me llevé de Colombia fue muy muy buena, aparte de la ‘experiencia del arroyo’ por el que casi casi fui arrastrado, que fue como para quitar el hipo a cualquiera!.

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