CAMBORIÚ – recuerdos chocantes

Pocos recuerdos (y chocantes) me quedan de mi visita a Camboriú al norte de Santa Catarina, Brasil, a finales de la década de los 90. Casi todos son negativos. Cuando mira uno las fotos de la orilla de la playa Central con todos sus interminables ‘rascacielos’ piensa uno que la playa de esta ciudad podría competir con la playa de Copacabana en Rio de Janeiro.

Pero qué más lejos de la verdad. Aparte del parecido de la Avenida Atlântica de Río con la Avenida Atlântica de Camboriú, de la Playa Central (~ 6-7 km) con la playa de Copacabana (~ 4 km), y del monumento Cristo Luz (que no existía cuando yo estuve allí) con el monumento Cristo Redentor, pues no hay mucho más!. Desde que salí de esa ciudad nunca he sentido ganas de volver a visitarla, como lo hice en otros sitios de Brasil como por ejemplo São Paulo y Río.

Si los mineiros son los ‘dueños’ de la ciudad-balneario Guaraparí, los argentinos lo son del Balneário Camboriú, ubicada a 10 km al sur de Itajaí, 96 km al sur de Joinville, ~ 80 km de Florianópolis y a ~ 220 de Curitiba. Esa fue mi primera impresión.

Cogí un piso en alquiler tan pronto llegué, en un edificio ubicado en la Tercera Avenida y lo primero que me extrañó fue la cantidad de argentinos que vivían allí, todos eran hombres y no curraban, se tiraban allí todo el puto día hablando. Tanto dentro como fuera del edificio. Antes de decidirme por alquilar el piso en este edificio estuve mirando otro piso en otro edificio y también allí vi lo mismo, que estaba ‘plagado’ de argentinos. Bueno, hasta ahí todo bien, siempre me cayeron bien los argentinos y también a parientes míos que emigraron a Buenos Aires allá por los años 50. Y todo me pareció bien cuando los visité en el barrio de Lanús donde vivían en 1970.

Mi primer choque con los argentinos fue cuando fui testigo de lo que ocurrió en este edificio. algo que hizo que alzara mis cejas por el asombro ante lo que vi. Resulta que sale una chavala de unos 20 años, mulata y muy guapa de un piso donde estaban unos cuantos argentinos reunidos en el pasillo y uno de ellos empieza a echarle una bronca de la hostia con imperativos y en tono muy despectivo, algo así como la forma (que se ve en películas) que hablaban los ‘blancos’ a los esclavos hace cientos de años. Le reprochaba que había hecho mal la limpieza del piso. Me quedé de piedra. Luego me enteré que cantidad de argentinos se habían mudado a Camboriú, comprado pisos de 1 habitación (estudios), y que vivían de lo que ganaban con el alquiler de estos. Y que se les habían subido los humos a la cabeza como si fuesen ricos!. Sin duda, estos argentinos en Camboriú eran de otro tipo que los que viajan de vacaciones a la playa de Canasvieiras.

Mi segundo choque ocurrió un día que paseaba tranquilamente por la Avenida Atlántica. Entré en un bar tipo cafetería y vi que la chavala que servía se encontraba en estado de ‘shock’. Le pregunté qué le ocurría y me contestó que acababa de ver un muerto en la acera, un chaval que estaba limpiando la fachada de cristal (‘limpador de vidro’) del rascacielos donde nos encontrábamos colgado de dos cuerdas y un miniasiento y se había caído del andamio del piso veintitantos y estrellado en la acera frente a la cafetería. Debido al impacto de la caída sobre la acera debería el cuerpo haber quedado hecho papilla imagina uno. Cuando yo llegué ya había pasado todo, la ambulancia ya se había largado, en fin, salí después de un rato cuando ya estaba algo más tranquila y para mi sorpresa vi que el compañero de limpieza de fachada seguía allí arriba currando como si nada hubiese pasado!.

Mi tercera sorpresa fue una vez que un sábado subí a la azotea del edificio donde alquilaba el piso y vi que aquello parecía un club de reuniones. Nunca había visto tanta gente en una azotea. Noté que acostumbraban usar la azotea para reunirse los fines de semana, las mujeres se dedicaban a lavar ropa y colgarla para secar y los hombres a hacer la parrillada para el almuerzo. Y todo acompanhado de botellas de cerveza Brahma bien fresquitas!.

Ya una vez allí en Camboriú hice también dos escapaditas, una a Joinville y otra a Blumenau, que junto con Pomerode, tienen fama de ser ‘las ciudades más alemanas de Brasil’!. Blumenau es famosa también por su ‘Oktoberfest’, la segunda mayor fiesta de bebida del mundo después de Munich.

Resumiendo: No sé si hoy, casi dos décadas después, Camboriú me causaría otra impresión, mejor impresión quiero decir, lo que sé es que la impresión que me hizo entonces, daría yo una calificación de un 5 sobre un máximo de 10 puntos.

No hay que olvidar que es una ciudad muy joven, fundada en 1965, y quizá por eso se siente como una ciudad sin alma, sin identidad, me cuesta encontrar la definición perfecta de lo que experimenté, me recuerda al estereotipo despectivo “rubia tonta”, muy preocupada por su aspecto y materialista, pero de poca inteligencia y sentido común.  Camboriú: muy bonita en apariencia, pero una ciudad sin contenido, como cuando falta sal en la comida, sosa…

https://guia.melhoresdestinos.com.br/cristo-luz-balneario-camboriu-69-509-l.html

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