Turismo tras las huellas de la cocaína

“Esta es la finca Hacienda Nápoles  en la década de 1980 el centro de la industria global del Cartel de Medellín, que ahora se ha abierto al público en un intento un poco ansioso de tanto hacer turismo de la sangrienta historia de la cocaína como fingir que todo es – precisamente eso, historia“.

Así comienza la introducción del artículo “Turism i kokainets fotspår” (Turismo tras las huellas de la cocaína) que escribió para la revista de viajes más leída de Suecia VAGABOND en octubre del 2010 el escritor Magnus_Linton,  entonces nominado al Premio “August [Strindberg]” otorgado a libros recién publicados, en este caso: “Cocaína – en bok om dom som gör det” (2010) (Cocaína: un libro sobre aquellos que lo hacen).

(Autor de varios libros, entre los que se destacan dos obras premiadas sobre América Latina: Americanos: ett reportage om Latinamerikas nya rebeller (Atlas, Estocolmo, 2006) y Cocaina en bok om dom som gör det: A Book on Those Who Make It (primera edición en sueco: Atlas, Estocolmo, 2010; edición en inglés: Soft Skull Press, Berkeley, 2014). [PDF]nueva sociedad 255 – Bibliothek der Friedrich-Ebert-Stiftung]

Trata acerca de la historia de la Hacienda Nápoles, anteriormente propiedad del capo narco Pablo Escobar, en su tiempo uno de los hombres más ricos del mundo. Sobre lo que fue en sus años de apogeo y de cómo luego fue abandonada y quedó en ruinas durante unos 15 años después de la muerte de Pablo en 1993. Sobre cómo la gente saqueó parte de la hacienda buscando guacas/escondites de dólares, sobre los animales del “Zoo de Nápoles”, sobre los restos de la colección de vehículos antiguos de Escobar que fue estallada por el Cartel de Cali en enero de 1988, y de que hace algo así como unos 15 años renovaron la propiedad y abrieron el llamado Parque Temático Hacienda Nápoles.

Y de que la directiva del parque no renovó la finca original deliberadamente al objeto de lanzar el mensaje de  que “a pesar de estas inmensas riquezas todo acabó en ruinas”. Así pues cuelgan entre las escamosas paredes fotos y páginas de periódicos del régimen de terror que Escobar puso en marcha durante los años 1980 y 1990: cientos de asesinatos de políticos, policías y periodistas y las explosiones de aviones, edificios gubernamentales y rascacielos.

Pero también fotos de la familia Escobar y los días de apogeo de la mafia. Y puntualiza con que en 1991 se cometieron 7.273 homicidios solo en Medellín, un lugar que entonces por buenos motivos había llegado a conocerse como “la capital mundial del crimen”.

No está de acuerdo con lo que dice el texto de la pancarta que cubre toda una pared de la finca en ruinas donde se lee “Triunfó el Estado”. Motivándolo con que la entrada a la hacienda y su famoso avioncito se encuentran en buen estado (la avioneta de matrícula HK 617 no es la original) pero que la carretera arriba a la finca está bordeada de una vista extraña; la construcción (2010) del Establecimiento Penitenciario de Mediana Seguridad de Puerto Triunfo, comentando al respecto que la señal que lanzan es extraña – ¿por qué aquí? – y escribe que no es difícil darse cuenta de que algo raro se oculta detrás del simbólico lenguaje en el texto “Triunfó el Estado”. Que lo triste es que lo que se ha tratado de enterrar con grandes gestos es la verdad; Que el Estado no ganó en absoluto. Que después de que se mostrara el cadáver de Pablo al mundo creyeron EE.UU. y el gobierno de Colombia que el centro de la rueda global de la cocaína había sido destruido. Pero que resultó en todo lo contrario. Que en el momento de la muerte de Escobar producía Colombia 120 toneladas de cocaína al año y diez años más tarde 550 toneladas, un desarrollo que fue posible gracias a que los sucesores del cártel de Medellín no estaban trabajando en contra sino con el Estado.

Acaba recomendando leer -antes de visitar la Hacienda Nápoles- los libros Killing Pablo: The Hunt for the World’s Greatest Outlaw de Mark BowdenLoving Pablo, de Virginia Vallejo y especialmente la brillante historia de James Mollison: The Memory of Pablo Escobar, para que la visita a sea gratificante.

[Fuente: Turism i kokainets fotspår – Vagabond]

Hoy lo único que está abandonado en las casi 3.000 hectáreas que conforman Nápoles es la casa de Pablo Escobar. La inmensa residencia de dos pisos, balcón, piscina, y hasta un pequeño helipuerto en la parte trasera, no es ni la sombra de lo que un día fue. Los muros están derruidos, la pintura caída y de las ventanas y paredes cuelgan reproducciones de viejas revistas y periódicos: la bomba a El Espectador, la bomba al DAS, el asesinato de Guillermo Cano, de Bernardo Jaramillo, de Carlos Pizarro, la explosión del avión de Avianca, las masacres de policías inocentes, bombas, terror, muerte, dolor”. […] [Hacienda Nápoles, bajo la sombra del capo | Cromos]

“Como la mayoría de los hosteles donde se hospedan los turistas están en la zona de El Poblado, Nicolás empieza siempre el recorrido en el edificio Mónaco. Se trata de un bloque de apartamentos de lujo situado en uno de los sectores residenciales más elegantes de Medellín. Fue la residencia oficial de la mujer e hijos de Pablo Escobar hasta que, el 13 de enero de 1988, una potente bomba inicia la guerra entre los carteles de Medellín y de Cali. Victoria, su mujer, y Juan Pablo y Manuela, sus hijos, quienes duermen en el penthouse, se salvan milagrosamente. Dos vigilantes pierden la vida. Del edificio, sólo queda la estructura de concreto. La colección de autos antiguos de Pablo y la colección de obras de arte de su mujer sufren daños irreparables. Hoy en día, el edificio lo gestiona la fiscalía. No se permite la entrada a curiosos. La familia de Pablo, con nombres cambiados, vive en Argentina.” […] [El Tour de Pablo – Página/12 :: radar]

Escritor sueco que trabaja temas polémicos en campos sociales, políticos y éticos con un interés especial de America Latina.” […] [ https://magnuslinton.com/acerca-de-magnus-linton/]

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