Putin, ‘el pequeño Hitler’

Así recreó Putin la Rusia totalitaria

El presidente Vladímir Putin está transformando a Rusia de una sociedad autoritaria a una sociedad totalitaria. La escritora y periodista estadounidense de origen ruso Masha Gessen explica cómo el pueblo ruso es mantenido bajo control con el temor de ser nuevamente afectado por el terror de masas.

Tan pronto como los medios occidentales aprendieron a considerar a Putin como un gobernante autoritario cambió el régimen ruso nuevamente de apariencia. Desde que Putin retomó la presidencia en marzo de 2012, Rusia ha sido menguada políticamente, iniciado guerra contra su vecino y penetrado a otro país más, lejos de sus fronteras. A través de todo esto se ha convertido Rusia internacionalmente en paria y ha llevado a su economía a tocar fondo. Pero el proceso ha movilizado al pueblo ruso y agudizado ‘el agarre’ de Putin al poder.

En otras palabras, Rusia ya no es un estado autoritario, sino que tiene muchas características de un estado totalitario. Los acontecimientos que estamos presenciando desde hace tres años y medio no se parecen en nada a lo que hemos visto antes. No se creó un nuevo estado, estado totalitario. Se recreó un antiguo estado.

Imagina que tienes un coche que de repente dejas de usar. Pero en lugar de llevarlo al desguace, lo colocas sobre ladrillos en el garaje durante más de veinte años.

Luego – voilà/¡ya está! – le pones las ruedas otra vez y mira, el coche se pone en marcha. En un principio chirría, pero pronto funciona la caja de cambios, el motor empieza a ir sin toser, la batería funciona, los faros se encienden y hasta puedes escuchar la radio después de que ha crujido durante un rato. Contento y feliz conduces este nuevo-viejo coche que milagrosamente ha obtenido nueva vida.

No sabes por supuesto lo que se haya podido oxidar en todos estos años. Ni siquiera sabes si hay combustible en el tanque o si el motor va con vapores de gasolina. Conduces un viejo coche conocido, pero en la carretera de la inseguridad.

Yo diría que este coche es una buena metáfora del totalitarismo ruso. Una definición exacta del totalitarismo no existe, pero los que estudian este fenómeno del siglo XX están de acuerdo en gran medida en algunos puntos. Uno de ellos es que los regímenes totalitarios toman el control de los medios de comunicación, los militares, la policía y la economía. Otro es que se basan en ideologías. Un tercero que se construyen mediante terror y son mantenidos por una constante amenaza de terror.

El control es hoy en día casi total: Putin ha desmantelado desde hace timepo el sistema electoral de Rusia, se ha apoderado de los medios de comunicación y se ha asegurado que el poder ejecutivo esté por encima de la legislatura. La palabra “oligarquía” se usa con frecuencia al mencionar Rusia, pero en realidad no ha sido correcta desde hace más de diez años, desde que Putin dejó claro que los hombres ricos que persistían en mantener su influencia política o bien tenían que ir al exilio o a la cárcel. La economía se encuentra, pues, bajo control.

La nueva ideología rusa nació casi por casualidad. Putin necesitaba algo a que agarrarse contra los manifestantes que salieron a las calles el invierno 2011-2012. Intentó con bromas mezquinas e insultos, por ejemplo que los manifestantes eran agentes estadounidenses y que Hillary Clinton era demasiado “débil” para su arte de debate, pero no tuvo efecto.

Finalmente tuvo el Kremlin éxito señalando a los manifestantes como maricones. Cuando la cultura de protesta fue descreditada como gay se convirtió el “otro”, extranjero, enemigo, extraño y nuevo. La táctica era tan eficaz que podría tener una aplicación más amplia. Así surgió la ideología de los valores tradicionales.

Es un malentendido muy común que las ideologías totalitarias son complejas. Si se mira hacia atrás en la historia se ve que no es cierto – en Los orígenes del totalitarismo contempla Hannah Arendt la absurda y primitiva esencia de las ideologías totalitarias. Al igual que otros ambiciosos líderes totalitarios durante épocas anteriores, buscaba Putin ideologías existentes que se adaptasen a su visión de la nueva dirección del país. Tropezó* con las ideas del filósofo Aleksander Duguin sobre la lucha de las civilizaciones, donde Rusia protege los valores tradicionales contra la expansión occidental. Sonaba perfecto y Putin se tragó el anzuelo.

Según Duguin, ha exportado Occidente una falsa idea sobre los derechos humanos universales y lucha para que todos los países lleguen a ser iguales a Occidente. De hecho, hay dos tipos de civilización en la Tierra, dice Duguin, la Occidental y la que defiende los valores tradicionales.

Por eso no son los derechos humanos algo universal. Que Occidente persiste en difundir su doctrina amenaza a los países que tienen valores tradicionales muy altamente. Estos valores deben por eso ser protegidos. El único país que defiende sus creencias, con tal fuerza que está listo para tomar las armas, es Rusia.

La fuerza en la idea de los valores tradicionales es que no es geográficamente específica, pero aún así expansiva. Muchos políticos en Occidente hablan todavía de que Putin quiere restaurar la Unión Soviética, pero no es lo que está pasando.

La civilización de los valores tradicionales, que también es llamada el “mundo ruso”, cambia de forma. Puede abarcar Ucrania (donde Rusia protege los valores tradicionales con tanques de guerra y bombas), pero también puede abarcar a Siria.

El aspecto más interesante de la recreación del totalitarismo de Rusia es que el pueblo ruso muestra signos de miedo, pero el por qué no está claro. Cuando las encuestas muestran que el 86% de la población apoya al presidente – o a cualquier cosa, para el caso – ya no es una cuestión de opiniones como generalmente utilizamos el término. Vemos personas que reflejan opiniones que han tenido que aprender que son correctas.

Pero, ¿cómo puede suceder esto cuando no existe terror? En los años 1970 y 1980, la Unión Soviética no estaba gobernada por terror de masas – estaba controlada por el recuerdo del terror de masas. Así que ¿qué es lo que está pasando ahora?. ¿Es suficiente el recuerdo del terror de masas para mantener a Rusia bajo control?. O debe ese terror volver pronto?.

Más que cualquier otra cosa quiero plantear la pregunta: ¿Cómo resultó todo esto posible? ¿Cómo pudo Putin tomar el control de uno de los países más prósperos y aparentemente ambiciosos de Europa y, casi de un día a otro, convertirlo en una sociedad sumisa, aislada tanto política- como económicamente?

Quiero afirmar que este coche rueda precisamente porque se encontraba sobre ladrillos desde hace más de veinte años – porque nadie se molestó en lo desmontarlo o simplemente desguazarlo. [Fuente: Masha Gessen: Så återskapade Putin det totalitära Ryssland – DAGENS NYHETER]

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