En bodas reales reina el estado de emergencia intelectual

estado de emergenciaTodos los medios capitulan a la necesidad imaginaria de idealizar/embellecer la flor y nata de la sociedad antidemocrática, escribe el escritor y periodista Jan Guillou.

Se me ha dado la tarea de dedicar el texto de hoy a la boda de los príncipes. Tontamente, acepté sin pensarlo más. Porque un día como este es una misión columnístamente suicida.

En bodas reales reina, a saber, estado de emergencia intelectual y periodística.

Así que aquí estoy con mi garganta lavada en la máquina de escribir y oigo de la tele en el fondo cómo los ciudadanos se regocijan y gritan ante el recorrido de la boda en carruaje que pasa por Estocolmo.

Los patrones de comportamiento habitual ofrecen que nada sensato se pueda decir en un día como este, porque el espectáculo es pura locura, una fiesta de disfraces con componentes simbólicos militares, “almirantes” y “generales” con divisas de grados y medallas colgadas como si fuesen los más grandes héroes de guerra de la historia, antiguos rituales religiosos en los que pocos creen pero la Constitución/ Grundlag exige que los miembros de la realeza tengan que creer en ellos y todo ante multitud vitoreante.

Esta es la única forma de hacer política que está protegida de contraargumentos. Para la vieja derecha son las bodas reales una radiantemente efectiva ilustración de la sociedad ideal donde la igualdad se encuentra lejana y hasta se ve por encima qué personas son más valoradas que otras. Para los miembros del partido Demócratas de Suecia son las bodas reales imagen justa del nacionalismo de viejos tiempos, para la nueva derecha cristianodemócrata probablemente una imagen de cómo Dios quiere que aparente la sociedad.

Pero ¿qué es boda real para la mayoría de los socialdemócratas, liberales y socialistas? Principalmente un día para cerrar la boca y crujir dientes sobre que todavía tenemos una forma de gobierno no democrático de otro siglo.

Porque no se puede argumentar en contra del carruaje de boda real tirado por caballos, solo resignarse ante la locura, así como lo hacen los medios de comunicación. Sveriges Television («Televisión Sueca»), la empresa de televisión pública de Suecia´, se ha convertido en el más fuerte promotor de la fiesta real de disfraces, se toma nota de cada admirador y no pierden ninguna ocasión de realizar entrevistas a ‘lameculos’ de la monaquía. Aún así tienen una excusa eficaz. Se puede con razón argumentar que todos los medios de comunicación hacen lo mismo. Porque así es, pues.

Parto por ejemplo de que estas mis líneas posiblemente vejatorias están rodeadas de diez páginas aduladoras a la casa real tanto hacia delante como hacia atrás. En Aftonbladet!

Es, si no otra cosa, psicológicamente interesante. De más de veinte columnistas en Aftonbladet puedo sólo pensar en uno realista, hablando en serio, en la página editorial por supuesto ninguno. Esas proporciones también se aplican a los principales periódicos liberales. Aún así capitulan todos los medios ante la necesidad imaginaria de idealizar/embellecer la flor y nata de la sociedad antidemocrática. Pero ya que esa corrupción espiritual sería imposible en cualquier otro tema político, tiene que haber una explicación para que el estado de emergencia periodístico y político se aplique sólo a la realeza.

Probablemente razona la mayoría republicana entre nuestros miembros del parlamento de la misma forma que la mayoría republicana en el mundo de los medios. Si no ‘chupamos culo’ a la la realeza corren los cabrones y votan a otro partido. Si no ‘lamemos el culo’ corren esos cabrones y compran el otro periódico.

De esta manera es el sistema autoconservador debido al temor al electorado o a los lectores.

La tarea educativa en que políticos y medios de comunicación fallan es explicar a los obsesionados lectores/votantes de la realeza que no se trata de cambiar la historia de Suecia, solo de modernizar la forma de gobierno. En tal modernización no se decapitan ya más las familias reales. Por el contrario, la familia Bernadotte se convertiría por tiempo indefinido en la familia noble más distinguida, además una de las familias más ricas de Suecia. De ninguna manera sufrirían ellos si la forma de gobierno fuese democratizada. Sus bodas serían seguro en el futuro románticamente hermosas, aunque tal vez no pagadas por los contribuyentes. ¿Sería tan terrible?

Con estas, esencialmente autoevidencias dichas, hay sólo hay una cosa que añadir. Quiero de buena gana felicitar a la pareja de príncipes y les deseo toda la felicidad en el futuro. Nada es culpa de ellos, ya que ‘igual de poco’ que cualquier otra persona pudieron elegir a sus padres. [Fuente: Jan Guillou/Vid kungliga bröllop råder intellektuellt undantagstillstånd – AFTONBLADET]

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