Viviremos a la sombra de estos desastres del Mediterráneo

La distancia entre las playas de Libia y la isla italiana de Lampedusa es de solo unos 110 km. No es mucho más larga que la distancia entre Västerås y Estocolmo. Pero es a lo largo de esa ruta que miles de refugiados se ahogan cuando tratan de cruzarla en barcos sobrecargados. El que tomen esa ruta no depende sólo de que sea la más cercana, sino sobre todo de que Libia es un país sumergido en un caos total. Hubo mucho regocijo cuando las bombas de la OTAN cayeron sobre Libia y Gadafi finalmente fue derrocado. Pero ahora es el país un patio de recreo para traficantes de seres humanos sin escrúpulos. Nadie lo sabe con certeza, pero puede ser tanto como un millón de refugiados que entran en Libia*, con sus largas fronteras no vigiladas en el sur hacia países devastados por la guerra.

Europa es hoy una zona con un crecimiento de población estancado, mientras que la población de África crece rápidamente. Pero hace solo apenas un siglo se encontraba Europa a punto de estallar por una población en rápido crecimiento. Fue sólo gracias a la emigración masiva a Estados Unidos que la presión cesó: Durante el transcurso de sesenta años, hasta 1914, emigraron 50 millones de europeos – de ellos más de un millón de suecos – a América del Norte. La pobreza, pero también la persecución política, les obligaron a largarse (muchos suecos se vieron por ejemplo obligados a emigrar, después de haber participado en la ‘Gran huelga’** de 1909). De hecho, las primeras ‘olas’ de emigración salieron desde el puerto de Gävle, cuando disidentes perseguidos huyeron de Suecia. A menudo había abundante espacio en los barcos que transportaban barras de hierro a Estados Unidos; esa carga era pesada pero no voluminosa, y unas cuantas docenas de emigrantes podían tener cabida en el área de carga. Pero muchos barcos se hundieron y desaparecieron sin dejar rastro en el mar durante la difícil travesía.

Ahora huye gente procedente de África y Oriente Medio, de dictaduras, guerra, miseria. Son conscientes de los mortales riesgos, pero no tienen otra opción. Que la UE no sea capaz de ponerse de acuerdo en concienzudas operaciones de rescate es increíble. La idea en sí de la cooperación europeasi es que existe alguna – debería ser resolver precisamente estas situaciones que ningún país en particular puede manejar. Debería ser obvio que la UE establezca oficinas en una serie de países vulnerables, donde el llamado Visado humanitario Europeo (VHE) se pueda emitir y una serie de países europeos deberían acoger refugiados en una escala similar a la que Suecia hace ahora. A largo plazo, Europa necesita más habitantes. Sin la inmigración, la población de Europa disminuiría.

Tal vez se acerca un verano cuando más refugiados que nunca jamás morirán en el Mediterráneo. Escucharemos y leeremos sobre desastres y nos acurrucaremos y sentiremos impotentes. Viviremos a la sombra de estos desastres y se sentirá peor porque sabemos que podrían prevenirse. La decisión recae ahora en la UE y los gobiernos europeos. [Vi kommer att leva i dessa katastrofers skugga – Metro]

mar mediterráneo

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