Si el burro carece de maldad, ¿por qué lo utilizamos para hacer daño?

Cuesta entender por qué el pobre asno, tan esforzado y bonachón, tiene una connotación negativa si se le relaciona con el ser humano. Desde la escuela, donde el alumno menos aventajado solía recibir la cruel etiqueta, hasta el adulto poco cualificado para el desempeño de labores técnicas, han sufrido la comparación con este manso animal. […]

Pancracio Celdrán establece en el «El gran libro de los insultos», publicado por la editorial La Esfera, dos niveles que bordean la frontera del agravio, «es insulto menor, menos fuerte que burro, con alcance semántico limitado: persona que no ha asimilado una materia concreta o parte de un asunto. Al sujeto rudo, ignorante y cerril comparamos con el burro». […]

Pero como en la vida no todo es blanco o negro, conviene conocer que dependiendo del lugar de la península donde señalen a un sujeto como burro, ésto podrá significar una cosa u otra. «En ambas Castillas dicen aburrado a quien anda embrutecido o es de modales rudos. En puntos de Granada dicen aburrangao al abrutado. De burro se dijo burreras a quien en su forma de conducirse o expresarse manifiesta ordinariez y poca inteligencia: En la asturiana Cabrales y su entorno dicen burrón a la persona muy bruta». […] [Si el burro carece de maldad, ¿por qué lo utilizamos para hacer daño? – ABC]

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