Nos estresamos hasta morir en la búsqueda de la perfeccion

Ungdomsarbetslöshet - När ska muren rivasLuchamos por el derecho a trabajar hasta morir

En Ko Lanta en Tailandia esta semana estuve con la joven Johanna de Östersund. Debido a que los puestos de trabajo no crecen en pinos en su lugar natal, emigró como muchos otros a Oslo, donde trabaja en una tienda de comestibles, al mismo tiempo que estudia. La vida en Noruega es cara, por lo que Johanna comparte alojamiento con otros jóvenes suecos que también anhelan entrar en el mundo de la libertad e independencia de los adultos. Que la libertad es un eufemismo embellecedor no lo saben todavía. Pero vamos a llegar allí.

Aunque nosotros en Suecia nos hemos salvado de la crisis económica que ha sembrado el caos en el sur de Europa se encuentra casi una de cada cuatro personas de entre 15 y 24 desempleada. Las consecuencias son devastadoras tanto para los afectados como también para el resto de la sociedad que encadena a jóvenes en frustración y pobreza. Al mismo tiempo cambia radicalmente la vida laboral. Para poder ser empleado, deberás ser joven y fuerte, emprendedor enérgico y promovedor, altamente capacitado y equipado con experiencia laboral, lo que es una insolucionable ecuación. Deberás ofrecerte a ti mismo y tus servicios de forma gratuita durante un cierto período de tiempo, a fin de convencer al empleador acerca de tu deseo inagotable de trabajo, disciplina y dedicación.

En el nuevo, fenomenal mercado de trabajo global se espera que entres en la oficina de espacio abierto, que recuerda a antiguos suelos de fábricas, con una sonrisa en los labios, sin la menor pretensión de integridad. Aquí irás a almorzar en tu escritorio mientras el jefe pasa a tu lado en su monopatín en camino a la sala de conferencias con paredes de vidrio donde tiene completa visibilidad del rendimiento de la plantilla de empleados. Se llama democratización.

El mercado del trabajo da la bienvenida a más y más trabajdores independientes/freelancers, lo que ciertamente puede significar más libertad, pero va de la mano con menos seguridad. La vida de ‘freelance’ no garantiza ni salario ni día de mañana pero azota sobre rendimiento. El nuevo mercado de trabajo ama a jóvenes sin derechos, lo siento, quiero decir sin obligaciones, por ejemplo familias a sostener, niños a los que limpiar la nariz y meter a la cama, horarios que atender. Nuevas innovaciones como la aplicación de móvil Handy hacen de todos tanto empleadores como empleados sin derechos ni obligaciones. Se llama ‘On-Demand Economy’ en el último número de The Economist. Más o menos como nuestros nuevos televisores donde puedes ver lo que quieres, cuando quieres. Aunque en este caso se trata de personas reales, baratas y disponibles.

Cuando recientemente estuve en Nueva York narró una joven mujer de carrera profesional que su jefe le dijo que si ella y sus colegas trabajaran arduamente hasta la edad de cuarenta años realmente valdría la pena, y que incluso podrían obtener ayuda para congelar sus óvulos para no tener que preocuparse de futura  fertilidad. Trabajar duro significaba tempranas mañanas, noches tardías y fines de semana. Se les ofreció ejercicio en el trabajo, como el yoga al amanecer 5:30, como una forma de traer al personal al trabjo tan temprano como fuese posible.

¿Hubo alguien que susurró algo sobre los Sindicatos? Es tan a la década de 1970. Ahora luchamos en cambio por el derecho a trabajar hasta morir. No por el derecho a bajas por enfermedad, pausas para el almuerzo, días de vacaciones o el derecho a no ser despedido por plantearte/poner en tela de juicio los salarios de los directivos, que son cuarenta y ocho mil veces el tuyo.

El mercado de trabajo se ha convertido en un casino. La ‘casa’ siempre gana. Bienvenido a jugar!. [ALEXANDRA PASCALIDOU/Vi stressar ihjäl oss i jakten på perfektion – Metro].

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