Putin y Hitler…

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[…] “En el peor de los casos, Rusia también podría tratar de incorporar a los pueblos de habla rusa en el este de Ucrania a Rusia, como lo hizo con Crimea. Aunque no es un buen desarrollo, las fuerzas armadas de Rusia probablemente sean incapaces de ir más lejos para conquistar y ocupar las vastas extensiones del resto de Ucrania. A pesar de los resplandecientes reportes sobre unas fuerzas armadas rusas muy mejoradas en Crimea en The New York Times, la mejora recae principalmente en las unidades de élite de las Fuerzas Especiales rusas. Militarmente, la Rusia de hoy ciertamente no es para nada la Unión Soviética. Y a pesar de la afirmación de la probable candidata presidencial Hillary Clinton de que Putin es otro Hitler, no lo es. Él no está tratando de apoderarse de Europa y meramente está tratando de salvar lo que pueda de Ucrania después de que un gobierno pro-ruso electo democráticamente fuese derrocado por turbas callejeras pro-occidentales.
Siempre que los políticos estadounidenses desean agrandar una amenaza, comparan al menor villano del día con Hitler—Slobodan Milosevic en Serbia, Saddam Hussein en Irak, Muammar Gaddafi en Libia, cualquier gobernante de Corea del Norte de la familia Kim, y ahora Putin en Rusia—y solemnemente implica que el nuevo chico malo debe ser detenido o tendremos nuevamente un Múnich 1938 de nuevo. Difícilmente.” [
Rusia en Crimea—Aún no es ´Múnich 1938´ otra vez – EL DIARIO EXTERIOR]

[…] “Putin es fruto de un consenso a medio camino entre el liberalismo oligárquico de la década de los años 90, el nacionalismo y la añoranza soviética. Importa menos si Putin no es una monja ursulina. Su proceder expresa una convicción rusa: rescatar un área de influencia, autoestima y su papel en el mundo. Los detractores nacionalistas de Putin lo acusan de “blando” con los ucranianos y con Occidente.
En los años 80, Estados Unidos invadió Grenada: tenía más asesores cubanos de los que el Tío Sam toleraba. También tomó por asalto Panamá, para apresar a Noriega. Con esos ejemplos, es difícil que Putin sienta culpa por Ucrania.
Putin no saltó alborozado cuando la Unión Europea incluyó en su fallido acuerdo con Ucrania “políticas de seguridad” y previsiones comerciales incómodas para Rusia. El Derecho Internacional es sublime y las palabras de Ban Ki-moon hacen lagrimear, pero el corazón de Putin no se conmueve como el mío: los tratados reflejan un statu  quo que él ambiciona alterar. Para ayudarse, tiene un buen reservorio de gas con el que financiar sus impulsos y sosegar a los europeos, a quienes provee energía.
A Putin no lo intimidan las llamadas. Obama telefonea irritado, pero ya pestañeó frente a Putin por Siria. Quizás Angela Merkel tenga más suerte. Mientras, la CNN informó de la filtración de documentos que revelan que el Reino Unido duda de la pertinencia de eventuales sanciones contra Rusia.
La historia se repite: los británicos fueron los primeros en romper el bloqueo contra los bolcheviques cuando Lenin ofrecía jugosas concesiones petroleras y mineras que rompieran el cerco.
Nada se gana pintándole bigote hitleriano a Putin, como quien encarga una brujería en San Pedro. Para los norteamericanos ultras, por ejemplo, Obama es comunista. Hillary y quienes se conducen igual, hacen mal en imitarlos. Cuidado acaben en el despiste que un humorista resumía, a raíz de la reunión entre Obama y Putin en 2013: “Él le dijo que sus políticas comunistas eran un peligro para el mundo. Se ignora qué contestó Obama”. [
Un “comunista” y la vida según Putin – DIARIO PÁGINA SIETE]

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