¿Qué le pasa a tu perro cuando te vas?

Bartolo- f2Antes de que cierre la puerta de casa detrás de mí, mi perra, Matilda, se queda quieta, mirándome. Fantaseo con lo que querría decirme si pudiese hablar:
1) Ya era hora de que me dejaras a solas con el oso de peluche.
2) Qué bien, ahora podré dormir la siesta en paz sin que me pegues esos sustos cuando te mueves.
3) ¿Te largas? Cuando llegues, te va a hacer fiestas el vecino de enfrente.
Deseo que la opción que le ronde la cabeza sea la segunda.
Un estudio publicado el pasado año en el Journal of Veterinary Behaviour analizaba la grabación en video de perros cuando se quedaban solos en casa. Cuando regreso, Matilda no ha destrozado nada, ni me ha dejado ningún regalito maloliente. Los vecinos me dicen que solo ladra cuando oye algún perro conocido. Es decir, que no padece signos clínicos de la llamada  ansiedad de separación, la forma más grave de sufrimiento canino: cuando defecan, orinan, aúllan, ladran, pulverizan lo que tienen a mano y hasta se autolesionan. Ocurre, según varias publicaciones científicas veterinarias, en el 18% de los perros y en entre un 20% y un 40% de los que tienen problemas de conducta.
La ansiedad de separación se potencia con el hecho de que, cosas de la vida moderna, los adultos de los núcleos familiares pasan muchas horas fuera de casa. Se trata de un auténtico drama que puede hacer imposible la convivencia y es causante de abandonos y devoluciones de los perros a las protectoras.
Los científicos que grabaron en video a 30 perros de diferentes edades durante 90 minutos mientras estaban solos hallaron que la mayor parte del tiempo los animales que no tenían síntomas previos de ansiedad de separación mostraban
una actitud pasiva, reposo o sueño, un detalle indistinguible en la cinta. Estaban aparentemente tranquilos entre una hora y 22 minutos. Otras conductas menos comunes fueron el juego o la atención al entorno, y en mucha menor medida, quejidos, aullidos o ladridos.

Un experimento realizado por la Universidad de Bristol y vinculado al documental La vida secreta de los perros de la cadena de televisión británica Channel 4 mostraba que el 85% de los animales que se quedaban solos en casa soportaba algún tipo de sufrimiento, desde ansiedad de separación a incremento en sangre de la hormona del estrés, el cortisol.

No sé si Matilda está en el escaso grupo (5 de los 40 del caso de Bristol) de los que se quedaban tan anchos cuando se les deja solos. Espero que se eche a dormir y que las veces que viene a recibirme bostezando signifique que la he sacado de un bonito sueño en el que persigue pájaros y merienda calcetines. Pero lo que sí sé es que su recibimiento es directamente proporcional al tiempo de abandono, algo que también está estudiado. Si paso de las cuatro horas de ausencia, bate al menos un día a la semana su propio récord de salto de altura, que en estos momentos llega al nivel de mi clavícula. No está nada mal para una perrilla de ocho kilos que levanta dos palmos del suelo.

Cuando no tenía ni idea de esto, yo montaba al llegar a casa un lío similar al de ella, consistente en voces melifluas, exclamaciones y mucho sobeteo. El primer día que me vio hacerlo su veterinaria, me tiró de las orejas: “Así le potencias la ansiedad de separación”. Así que ahora entro más tiesa que una vela cuando en realidad lo que me pide el cuerpo es tirarme por el suelo y darme un buen revolcón con ella. Lo que se pretende es que el perro sienta que es natural tanto permanecer solo como estar acompañado.

¿Qué hacer si tu perro ha dejado el salón irreconocible, aúlla como un coyote o ha convertido tu hogar en una fábrica de abono? Ponte en manos de un veterinario, aunque parezca una perogrullada. Este entenderá si le medica, le prescribe una terapia de conducta o ambas cosas. Lo primero consiste en tranquilizantes y antidepresivos. Lo segundo, empezar a separarse de nuestro amigo de a poquitos, tanto en distancia como en tiempo. Así es como deberíamos actuar con un cachorro.
Para los perros que son como Matilda, un poco pasotas (pero no tanto como el del video de aquí arriba), lo primero es cansarles antes de irse, es decir, regalarles un generoso paseo matinal para que, por una parte, se alivien y por otra se relajen para que luego estén menos nerviosos. […] [Por: Ana Alfageme/
blogs.elpais.com/emperrados/2014/04/que-les-pasa-a-tu-perro-cuando-te-vas.html

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