SUECIA: Mayoría quiere ver prohibición de la mendicidad

Vanessa a la entrada del supercado HEMKÖP en GotemburgoAmalia es ‘una de ellas’ que mendiga en las calles de Estocolmo para apoyar a sus tres hijos en Rumania. Pero si el pueblo sueco consigue lo que quiere se acabará con eso.
Según una encuesta realizada por Novus que la agencia de noticias TT ha pedido quiere el 56 por ciento de los encuestados prohibir la mendicidad, mientras que el 23 por ciento piensa que sería una mala propuesta.
En ambos campos políticos se encuentra la mayoría a favor de la prohibición, pero el apoyo es más fuerte entre los votantes de la
Alianza. El apoyo más fuerte para la prohibición de la mendicidad se encuentra entre los votantes del partido SD (Demócratas de Suecia) con el 87 por ciento de los encuestados.
Según Michael Anefur (KD/
Demócratas Cristianos), coordinador nacional de falta de vivienda/gente sin techo, la prohibición no resolvería ningún problema.
Es más o menos igual de sencillo prohibir la mendicidad y creer que resuelve algo como decir que prohibimos la pobreza. [
Majoritet vill se tiggeriförbud – Sverige – Göteborgs-Posten]

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En los últimos años ha crecido esto de la mendicidad en Suecia de forma explosiva. Es que hoy, por lo menos en las tres grandes ciudades de Suecia, Estocolmo, Gotemburgo y Malmö, casi no hay un supermercado por pequeño o grande que sea, que no te encuentres en la puerta de entrada con una chica joven o mujer mayor mendigando. A veces chavales también. Al principio se colocaban a unos cuantos metros de las puertas de entrada y estaban allí calladas aguantando las inclemencias del tiempo. Que no son pocas en este país, dicho sea de paso. Hoy en día se colocan en la mismísima esquina de entrada a los supermercados y ya no están calladas. A cada cliente que entra o sale le saludan “Hej, Hej!!!” (Hola, Hola!!!). Tanto cuando entras como cuando sales. Es un poco irritante. Porque lo que quieren no es que les contestes con un Hej Hej de vuelta, sino con DINERO, DINERO!.

Muchas y muy diferentes opiniones se pueden tener al respecto. Comento aquí sólo lo que leí en un periódico cuando hace más de una década estaba viviendo en Guarapari, en el estado de Espírito Santo, al norte de Río de Janeiro. En aquél tiempo – no sé como estará la situación ahora – había muchos que mendigaban en la capital Vitória. Un día fui allí (A Vitória) y compré un periódico en el que relataban cómo habían hecho un estudio de uno de estos mendigos filmándolo a escondidas desde una ventana en un edificio en frente. El mendido en cuestión tenía una pinta de la hostia. Mostraba – creo redordar – una herida que daba asco mirar y –creo redordar – se hacía pasar como que iba con muletas que las tenía al lado ‘äparcadas’. El reportero del periódico había calculado (mirando con prismáticos el dinero que recibía) que al final de cada día recibía este mendigo más de lo que ganaba un empleado de la clase media alta. También pudo (o pudieron) – no recuerdo si eran varios los que se turnaban en ‘estudiar’ al mendigo – que al anochecer se levantaba de su posión de sentado en la acera – después de mirar a los lados y asegurarse de que nadie lo observaba – y se largaba caminando como cualquier otra persona sana y se llevaba las muletas al hombro…

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