Kate Winslet: “Antes me hería que hablasen de mi peso. Ahora me da igual”

Kate Winslet(-Icono de estilo y referente para millones de mujeres que admiran su determinación y naturalidad. Kate Winslet resulta cercana y creíble.
Hay mujeres que dedican gran parte de sus esfuerzos a ser aceptadas y admiradas por su físico, y se pierden en explicaciones o se gastan millonadas en retoques estéticos. Y hay otras que deciden asumir sus peculiaridades, dar un golpe en la mesa y salir a comerse el mundo. Kate Winslet pertenece a este último club. Y su adhesión le sienta de maravilla.
Estamos en el Claridge’s, un egregio hotel del, si cabe, barrio más selecto de Londres: Mayfair. La actriz inglesa no se hace esperar y su agente nos invita a pasar a la suite donde tienen lugar las entrevistas. Winslet luce un vestido negro entallado por debajo de la rodilla. Sonríe, recibe con dos besos e invita a esta periodista a sentarse a su derecha en el canapé. Es cálida hasta en los gestos. […]
Las decisiones estéticas de esta londinense han dado siempre que hablar. En los 90, década en la que saltó al estrellato, no convencían. Pero con la llegada del siglo XXI, comenzaron los elogios. La opinión pública y los críticos aplaudieron su cambio de look. La protagonista de Sentido y sensibilidad (1995) o Titanic (1997) colgó los vaqueros para apostar por vestidos sexies, piezas con transparencias estratégicas, cinturas marcadas y un juego de colores capaz de sacar partido a su figura. «Conozco muy bien mi cuerpo y, si le digo a una estilista “No me pongas eso”, no lo hago porque no me guste la prenda o por fastidiar. Todas las veces en las que lo he pensado y me he callado han sido desastrosas, porque el estilismo me ha quedado mal y ha tocado cambiarlo», relata.
Este conocimiento de sí misma, de sus rasgos y particularidades, es una baza. «Sé que tengo un culo generoso, pero bonito. Soy una mujer con curvas y las minifaldas o los shorts no me favorecen. Tampoco las camisetas de tirantes porque tengo un pecho grande y, con la edad, se me cae. Mi silueta agradece prendas de líneas puras, de colores básicos como el negro o el blanco y con un largo por debajo de la rodilla».
Adiós a los complejos. No siempre se sintió tan segura de sí misma. En el colegio era la favorita de los profesores y sus compañeros la llamaban regordita y parlanchina. «Una vez que has sido rellenita, lo eres para toda la vida. Por mucho que adelgaces. Los comentarios, las miradas, la actitud de los demás no pasan desapercibidos cuando creces. Te marcan. Se tarda mucho en olvidar a la niña gorda que fuiste. Pero si superas la angustia, esas experiencias fortalecen y, con el tiempo, te aceptas. Entonces, empiezas a verte más guapa y los demás también». Y añade: «Antes me hería que hablaran sobre mi peso. Con 20 años y delante de la prensa no lo reconocía, pero lo pasaba mal. Ahora me da igual». […] [
Kate Winslet: “Antes me hería que hablasen de mi peso. Ahora me da igual”- ELPAIS.COM]

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