Nada nuevo bajo el sol argentino

Argentina, déjà vu

Hace unos meses visité Buenos_Aires, la gran ciudad que es a la vez Calcuta y París con sus miserables suburbios y un grandioso centro. Un paseo por la calle peatonal Florida, en el corazón de Buenos Aires, fue suficiente para entender que el país nuevamente estaba en camino al abismo. Cada dos metros se encontraba un hombre que rítmicamente gritaba: “cambio, cambio”. Eran comerciantes de moneda ilegales*, que pagaban casi el doble de pesos por dólar que en el cambio oficial.
La última vez que estuve allí, medio año antes, era la distancia entre los comerciantes de moneda unos diez metros y entre el curso negro y el oficial en torno al 30 por ciento.
El escuchar incesantemente esta melodía – cambio, cambio – llevó mis pensamientos a otras veces que he estado en Argentina, bajo circunstancias similares. Todo era semejante, pero no sólo la escena callejera, sino también las razones detrás del creciente caos: gobiernos populistas que se apropian de una gran parte de la enorme riqueza de la nación, pero aún gastan demasiado.
El resultado es un gran déficit presupuestario, que se financia con dinero prestado o, aún más habitual, gracias al ritmo cada vez más rápido de las impresoras de billetes. Esto pone en marcha el carrusel de la inflación y el pánico se extiende rápido. Todos los que pueden huyen del peso, el valor de la moneda cae abruptamente y la melodía cambio, cambio se escucha cada vez más en las calles de Buenos Aires.
Esta vez saben todos que es una muy grave crisis que se avecina. Es el fin de un largo ciclo coyuntural populista, que se inició en 2003, debido a un ‘boom’/auge sin precedentes de las exportaciones, basado en las
exportaciones de soja. Esto ha dado a Argentina ingresos adicionales del equivalente a cerca de dos billones de coronas suecas durante los últimos diez años, de las que la mayoría han ido a financiar una expansión pública sin precedentes en la historia de la nación.
Así han alcanzado los gastos públicos del gobierno argentino niveles de alrededor de la mitad del PIB del país y un sistema de subsidios que abarca todo se ha creado. Ha hecho a la mayoría de argentinos dependientes de los caudillos en el poder, de la benevolencia del régimen autoritario. Mientras el dinero era suficiente, podía asegurarse el imperio del caudillismo.
La creatividad del gobierno con la intención sobrevivir ha sido grande: los números de la inflación han sido falsificados, los fondos privados de pensiones se han nacionalizado, el
Banco Central se ha visto obligado a convertirse en la ternera lechera del gobierno, los exportadores han sido penalizados mediante altos impuestos y un peso sobrevaluado, y así sucesivamente.
Medidas destinadas a retrasar el momento de la verdad. Pero ahora estamos ahí. Las
reservas de moneda se han agotado, pero también la paciencia de los argentinos. Los pobres saquean tanto como pueden tan a menudo como se ofrece la oportunidad, los otros acumulan dólares, y un estado de ánimo fatalístico se está extendiendo. Como ya he dicho, nada nuevo bajo el sol argentino. [Mauricio Rojas – Inget nytt under Argentinas sol .Svensks Dagbladet]

* ‘Arbolitos’ que venden divisas

cale florida

One Comment

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