La industria del opio es la gran ganadora de la guerra en Afganistán

Afghanistan2Las tropas internacionales se preparan para salir de Afganistán. Lo que queda es una industria de la droga en auge. El movimiento talibán obtiene la mayor parte de sus ingresos del opio y el estado afgano también está profundamente involucrado en la industria de la droga, escribe Svante Cornell del Utrikespolitiska institutet/instituto de política exterior.
Por tercer año consecutivo aumentan los cultivos de opio en Afganistán, muestran cifras de la ONU. Durante la última década todas las fuerzas en el conflicto afgano han estado profundamente involucradas en la industria de la droga.
El movimiento talibán recibe la mayor parte de sus ingresos de las drogas y sus líderes son motivados cada vez más por las ganancias del narcotráfico que por la ideología islamista.
Pero la participación de los talibanes palidece en comparación con la participación del estado afgano. En todos los niveles en el estado – local, regional y central – son los ejemplos de la participación de los gobernantes afganos en la industria de la droga sorprendentes.
El gobernador de la provincia de Helmand Akhundzade fue obligado a abandonar su puesto en 2005 después de que los soldados británicos encontraran varias toneladas de heroína en su cuartel general. Incluso el hermano del presidente Karzai, Ahmed Wali Karzai se mostró el 2008 estar muy involucrado. La lista se puede hacer larga.
Las cifras son apenas sorprendentes: 20 años de guerra han destruido la economía afgana y han hecho de la industria de la droga en el país, con mucho, la mayor fuente de ingresos. En la década de 2000 correspondió a la mitad de la economía legal de Afganistán – a comparar con Colombia, donde la industria de la cocaína nunca ha sido mayor que el 5 por ciento de la economía legal del país.
Es fácil culpar a los políticos y los señores de la guerra afganos. Pero el hecho es que la estrategia occidental desde el 2001 ha sido la de evitar coger al toro por los cuernos. Los líderes militares que efectuaron la operación en Afganistán tenían un objetivo claro: luchar contra Al -Qaida y los talibanes. Ellos estimaron que la lucha contra las drogas no era tarea de los militares y en parte que sus recursos no eran suficientes para combatir tanto contra el terrorismo como contra la
industria de los narcóticos. Por el contrario, dependían en gran medida de los aliados afganos locales. Y puesto que no había fuerzas con las ‘manos limpias’ eran naturalmente estas fuerzas locales leales ‘señores de guerra’ que a su vez estaban profundamente vinculados a la industria de los narcóticos.
Durante la década del 2000 la industria de las drogas ha crecido como un cáncer tanto en el movimiento talibán como en el estado afgano que las potencias occidentales han tratado de construir. Los talibanes han conseguido un interés propio en un conflicto que mantiene la industria del opio viva y puede utilizar las ganancias de las drogas para pagar a sus soldados y comprar armas. Por eso se ha convertido en la práctica imposible el poner fin al conflicto, ya sea mediante negociaciones o mediante una superioridad militar de las potencias occidentales.
Cuando las potencias occidentales se retiren de Afganistán el 2014, en lo que seguramente será considerado como una derrota, hay pocos ganadores – pero la industria de la droga es probablemente uno de los pocos.

Los talibanes estaban en contra de las drogas

La producción a gran escala de opio comenzó en Afganistán en la década de 1980. Durante la ocupación soviética comenzaron grupos guerrilleros a sustentarse de la fiscalización de los cultivos de opio.
Cuando la Unión Soviética se retiró del país en 1989 cesó el flujo de dinero de las potencias occidentales a la guerrilla. La industria de drogas se convirtió en la principal fuente de financiación en una guerra civil cada vez más sangrienta que llevó al colapso del estado afgano y al surgimiento del movimiento talibán. Los talibanes estaban en realidad en contra de las drogas, pero necesitaban el dinero que la industria generaba. Durante su apogeo en el poder en 2001 prohibieron los talibanes el cultivo de opio, pero se volvieron rápidamente involucrados después de la invasión estadounidense.
La presencia de las potencias occidentales desde el 2001 contribuyó a que la industria del opio adquiriera un nuevo impulso. El gobierno afgano estaba ahora dominado por la Alianza del Norte, cuyos líderes habían estado mucho más involucrados en la industria de la droga que los talibanes. Y afuera en las provincias llegaron viejos señores de la guerra de la década de 1990 con profundas raíces en la industria de la droga de vuelta a sus posiciones como gobernantes regionales. [
Opiumindustrin är krigets stora vinnare – Metro -6 noviembre 2013]

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