SUECIA 2013: Catedrático de Gotemburgo propone prohibir dar limosna a mendigos callejeros

mendicidad - sueciaParalelamente a la ley de compra de sexo. Aquellos que por razoners humanitarias dan (dinero) a los mendigos en nuestras calles no hacen nada para ayudarles a salir de su miseria social. Una prohibición de dar a los mendigos podría obligar a medidas más exhaustivas y estructurales que se necesitan de la sociedad, escribe Bo Rothstein.
En las partes centrales de las principales ciudades del país están sentadas o acostadas personas que parecen encontrarse
in extremis en las calles y piden limosna. La mayoría parecen ser gitanos/’romaníes’ de Europa del Este, principalmente de Rumania, que huyen de lo que con todas las expectativas es una difícil miseria social.
Requisitos de prohibición contra esta mendicidad callejera se han planteado desde varios sectores, y esto ha sido recibido por una legítima resistencia. Una prohibición debe ser seguida por algún tipo de sanciones si es que va a tener algún efecto, y castigar a estos duramente desfavorecidos, socialmente excluidos y obviamente personas que sufren está en contra de nuestra humanidad y sentido de la justicia. Al mismo tiempo debe quedar claro que más limosnas y continuada mendicidad callejera no puede ser la solución a la miseria social de estas personas. Los que en su percepción humanitaria dan a estas personas un centavo (leer algo de pasta) no contribuyen en modo alguno a establecerlos como seres humanos y hacer su vida más digna. Por el contrario montan con esto fijamente a los mendigos en una continuada humillación social y hacen ‘de facto’ su exclusión de la sociedad aún más permanente. Los que mendigan de nosotros en la calle no ofrecen otra cosa que su vulnerabilidad social y los que dan aprovechan por eso la humillación de otra persona para conseguir
satisfacción de esta manera de adormecer su conciencia social. Pero el adormecimiento/’anestesia’ de la conciencia social es engañosa ya que el que da limosna a un mendigo callejero en el fondo a menudo sabe que el dar en absoluto contribuye a de una forma eficaz  ayudar al afectado.
Nadie hasta ahora ha sido capaz de presentar una solución razonable a esta característica nueva y extremadamente angustiante en la imagen de las ciudades suecas. Una posibilidad que no se ha probado, pero que valdría la pena discutir sería introducir una prohibición no en contra de la mendicidad callejera, sino en contra de dar dinero a los mendigos en calles y plazas. Aquí hay como yo puedo ver un claro paralelismo con la prohibición de la compra de servicios sexuales donde hemos optado por no castigar a los que venden servicios sexuales, sino sólo a los que pagan por ello. La razón es que se ha decidido que los que compran servicios sexuales por sus propias necesidades se aprovechan de la situación social de otras personas vulnerables y por lo tanto humillan a las putas. Además se ha considerado que la prostitución lleva a muchas formas de problemas sociales y a menudo a exclusión de la prostituta y que esta actividad perpetúa una estructura de poder desigual. Del mismo modo se puede ver al que da limosna a los mendigos callejeros, es decir, como una persona que ayuda a la subordinación social de otra persona y humillación para satisfacer algún tipo de necesidad de sentirse justo. La prohibición de la compra temporal de servicios sexuales también está motivada porque la prostitución es a menudo un caldo de cultivo para el crimen organizado y la trata de personas, lo que es un problema que también se menciona a menudo en relación con el aumento de la mendicidad callejera.

tiggare i sverige-De la misma forma que los que nunca tan generosamente pagan a las putas (y tal vez además las tratan bien) igualmente se considera censurable, debe el que contribuiye a la continuada humillación social como lo que significa la mendicidad callejera también ser considerado como reprobable. El que da (dinero) a la mendicidad callejera contribuye quizás también a la delincuencia organizada y la trata de personas.
Muy independientemente de los motivos que ahora tenga el que da limosna nunca pueden los continuados ingresos de mendicidad callejera ser una solución a la exclusión social de estas personas vulnerables, miseria y humillación. Aquí deben en su lugar medidas completamente diferentes, más completas y más estructuralmente orientadas en forma de educación, acceso a atención sanitaria y diferentes formas de rehabilitación médica y social aplicarse. Hay aquí poderosas razones para creer que mientras la mendicidad callejera, aunque miserablemente pero igualmente proporcione posibilidades de sustento de vida, las medidas estructurales adecuadas de la sociedad brillarán por su ausencia, lo que hace que la humillante situación de los mendigos callejeros sólo continúe. La única medida razonable para ayudar a largo plazo a estas personas a una vida razonablemente digna y decente es eliminar tantas partes como sean posibles de sus ingresos de la mendicidad callejera. Estoy convencido de que ninguna otra cosa, y sobre todo no más limosnas, podrán dar a estas personas vulnerables una vida digna.
Los críticos contra tal prohibición en contra de dar a los mendigos callejeros señalarán que hay difíciles límites acerca de lo que se cuenta como mendicidad callejera y que la actividad podrá llevarse a cabo en formas más ocultas. Pero justamente este tipo de objeciones se dirigieron contra la propuesta de prohibición de la compra de servicios sexuales cuando se introdujeron en 1999 y pueden todavía dirigirse en contra de esta legislación. Igualmente ha mostrado la amplia evaluación de la ley en el año 2010 que esta legislación ha tenido efectos positivos y reducido la prostitución. […]

Bo Rothstein, professor (catedrático de Universidad) de ciencias políticas de la Universidad de Gotemburgo. [Därför bör vi göra det förbjudet att ge till tiggare” – DN.SE]

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