El “suequismo” está en la cabeza

svenskhetVierten gasolina sobre una brasa nacionalista
ALEXANDRA PASCALIDOU: Qué es típicamente sueco es una pregunta que yo a menudo tengo que responder. Ahora últimemente en una conversación sobre el nacionalismo en nuestro escenario nacional
Dramaten. En la audiencia estaban sentados entre otros un par de demócratas de Suecia cerca de la chica con pañuelo de cabeza estampado de leopardo que trabaja en Migrationsverket (~ ministerio de inmigración). A veces sus colegas se dirigen a ella en inglés. Ella es confundida con ser solicitante de asilo. A pesar de la etiqueta con su nombre sueco.
El ‘suequismo’ (svenskheten) se encuentra en la cabeza. Pero no en el color de pelo o en el adorno/pañuelo de la cabeza como algunos piensan. El ‘suequismo’ es, al igual que el “francesismo”, el “grecismo” y el “somalismo”, nada más que un artefacto. Un feto imaginario de ideas acerca de lo que somos en comparación con los demás. Que es todo lo que no somos. Y lo más a menudo son los otros moralmente inferiores a nosotros.
En mi propia búsqueda de identidad he descubierto que la autoimagen a menudo se equilibra sobre el filo de la navaja entre el autoengrandecimiento, autoodio y autocompasión. Único para Suecia es el autoengrandecimiento
marinado de la Ley de Jante. Probablemente somo solos en el mundo de haber hecho/creado de la palabra “osvenskt” (“no-sueco”) a una crítica positiva. Él es tan maravillosamente osvenskt/no-sueco, decimos, y queremos hacer referencia a calidez emocional, vitalidad, espontaneidad, como si los suecos fuesen una masa triste, silenciosa, truncada emocionalmente. Al mismo tiempo muestran estudios europeos que Suecia es el peor país en el continente en integrar ese”deliciosamente “no-sueco” en el mercado laboral.
Como en todos los nacionalismos hay aquí una medida de hipocresía. Pero eso es algo que realmente no puedo decir. Ya que la autocrítica es un lujo que se concede a suecos étnicos. Ellos pueden darse el lujo de ser implacablemente críticos contra Suecia, mientras que nosotros que somos suecos sobre el papel (en los documentos) debemos permanecer en silencio y estar agradecidos durante mil años.
Nosotros/nosotras que no pesamos igual de pesado sobre la ola sueca también carecemos de márgenes de confianza. No tenemos espacio para errores. El mínimo error nos reduce a inmigrantes. No individuos sino representantes de todas las culturas del mundo.
El nacionalismo ha hecho siempre a los jóvenes a luchar por su país. Aún hoy en día, en un país que ha tenido paz durante un par de cientos de años se comportan los hombres como si está aconteciendo guerra. Relatan escenarios de horror, ponen en escena amenazas y advierten de invasiones. A los jóvenes que quizá han perdido el punto de apoyo en una existencia cambiante se les puede entender, pero cuando señores mayores educados, que han viajado mucho, señores acaudalados como el cronista e historiador de Aftonbladet Herman Lindqvist, que ha dado ‘clases especiales’ a nuestros monarcas multiculturales escriben así, es difícil de entender: “Una amenaza continuamente creciente contra el seguro desarrollo de Europa es la bomba de tiempo que supone el aumento de la inmigración a Europa Occidental”. El Sr. Lindqvist, que él mismo ha emigrado a Francia, no se incluye obviamente a sí mismo en la metáfora “bomba de tiempo”.
Describir a personas como artefacto explosivo con la intención de causar daño es lo más cerca que podemos llegar a la deshumanización. Es una vieja probada táctica que ha llevado a los hombres a realizar los crímenes históricos más espantosos. Es verter gasolina sobre la brasa nacionalista. La que hace crecer fuerte la retórica del miedo. La que hace de la nacionalidad un mérito. Una ventaja competitiva para aquellos que no les queda nada. Para ellos funciona el nacionalismo como antidepresivos (‘lyckopiller’ –‘pastillas de felicidad’) recetados que les hacen creer que ellos valen más que los otros porque sucede que tienen raíces correctas.
El agitador propio del periódico Expressen, Ulf Nilsson, también él inmigrante en Francia, sucumbe también a términos bélicos y describe amenazas para lo que él llama “pursvenskar” (suecos puros). Nosotros los suecos sucios/suecas sucias (ciudadanos inmigrantes en Suecia) vemos a los nazis marchar en el día del aniversario de la
Noche de los Cristales Rotos, lo que dio origen al Holocausto. Ondean con la misma bandera sueca que Raul Wallenberg, que salvó las vidas de decenas de miles de judíos de una muerte segura, llevaba en su corazón. [www.metro.se/kolumner/alexandra-pascalidou-de-haller-bensin-pa-en-nationalistisk-brasa/EVHmkn!SRzsEvuRu3VOg/]

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