Dejad que los sin papeles se muden al Palacio Real de Estocolmo

Låt_papperslösa_flytta_in_på_slottetSerá otoño. Los árboles tratan desesperadamente de aferrarse a sus últimas hojas. Parece que se avergüenzan ahí donde están con sus ramas desnudas y se doblan en el viento. Dejan capas rojas en paseos peatonales hacia el centro.
Sigo el camino iluminado hacia la reserva natural de Nacka (
Nackareservatet)* antes de que las cajas de cartón de mudanzas me llaman de vuelta al ‘andrahandslägenheten” (piso de alquiler de contrato de segunda mano). Empaco los recuerdos de los años pasados ​​en bolsas y cajas. Meto las fotos de la nevera y soy lanzada de nuevo a un mercado de vivienda donde el mercado se ha adueñado de la política y sólo los que tienen dinero deberán tener un lugar para alojarse/vivir. Es hora de nuevo de decir adiós a una dirección que durante lo más que pude traté de no llamar “hogar”. Sabía lo que significaría una vez que tendría que hacer las maletas de nuevo: precisamente esta sensación de ser expulsada, de no ser bienvenida, de haber fracasado. Pero la culpa no es mía. Nunca deseé para mí misma una realidad donde las ‘inmobiliarias’ (de pisos en alquiler) (bostadsförmedlingarna) serían reemplazadas por tiendas de viviendas.
La política del gobierno ha sido un éxito; algunos pueden ganar pasta gracias a la excasez de viviendas, mientras que el resto tenemos que endeudarnos de por vida o mudarnos de un piso a otro a base de contratos de segunda mano/subarriendos negros con precios desorbitados.
Abro sesión en el
bostadsförmedlingen (inmobiliaria/intermediaria de viviendas en alquiler) y tengo aún así que reírme un poco de que hay una pestaña llamada “Bostadssnabben” (El rápido de viviendas). Después de varios años en la cola, ni siquiera soy llamada a las presentaciones de pisos en los suburbios periféricos de Estocolmo. Si me pongo a calcular me doy cuenta de que con el actual gobierno llegaré a tener más de treinta años antes de que tenga una ‘chance’ a un piso ‘propio’ (contrato de alquiler de primera mano/a mi nombre) en esta ciudad.
Cuando alguien me pregunta si me siento bien aquí respondo que no lo sé. Que he vivido en Estocolmo durante hace casi cinco años, pero que sigo sin tener algún lugar que pueda ser llamado “hogar”. Me pregunto si ni siquiera merece la pena fijar mi nueva dirección en la memoria. El correo ‘busca su camino adelante’ todavía a mis antiguos pisos y me llega a veces con códigos postales, nombres de calles,
direcciones c/o sobretachados que hace tiempo dejé detrás de mi. Supongo que algunos mensajes nunca me llegan.
Puedo despertarme por las noches y no saber en qué dirección van las paredes. Estoy atrapada en el recuerdo de noches anteriores en otros barrios. Puedo ver la luz de la calle Tunavägen filtrarse por las persianas de la calle Emågatan, los estrechos ‘peldaños’/cuestas irregulares en altura de Snöskostigen, escuchar las tierras de cultivo de
Tumba rugir a través del tráfico de Fridhemsplan. Todas las direcciones llevaban números que mi memoria ha borrado, pero mi cuerpo aprende lentamente los atajos del olvido. Yo extiendo la mano hacia interruptores de luz invisibles en el camino a la cocina. Soy una entre los cientos de miles de personas en Suecia que en vano buscan vivienda alojamiento propio (leer ‘no de segunda mano’).
Creo que deberíamos hacer como los que vendieron las empresas municipales/estatales a los que ofrecían la oferta más baja, pero con consideración en lugar de con interés propio; regalar los ‘pisos de pernocta’del gobierno a familias sin hogar con niños, ofrecer la villa del
ministro de vivienda a jóvenes que todavía vivien en casa de sus padres, permitir a los sin papeles mudarse a las 1 430 habitaciones del Palacio Real de Estocolmo (Kungliga slottet/Castillo Real). Y a más tardar el 14 de septiembre del próximo año (elecciones parlamentarias) asegurarnos de que el gobierno haya preparado cambio de dirección fuera de Rosenbad (símblo del gobierno sueco). [Traducido del artículo de la revista sindical  “da DAGENS ARBETE”/ Låt papperslösa flytta in på slottet, escrito por Jenny Wrangborg, ‘kallskänka’(chef de cocina fría y poeta)]

Kungliga_Slottet

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