La búsqueda del vehículo de recreo perfecto – Parte 5 de 6 – La era de la autocaravana se pone en marcha

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Después de catorce años y miles de millas de maravillosa vida campista estaba la célula vivienda, y también nosotros, lista para la jubilación.

No había ninguna falla en la célula habitable* o en la pickup. A través de los años el equipaje había prestado servicio mejor que cualquier otro vehículo de recreo que habíamos poseído. La razón por la que queríamos algo diferente era que sentimos que nuestra pensión la pasaríamos en un clima más cálido durante el invierno. Florida, Texas y Arizona estaban en la lista de deseos.

Vår_första_husbilLa célula habitable («truck camper») se sentía demasiado pequeña como para vivir durante tres meses seguidos. Era perfecta para excursiones. Se las apañaba a través del tráfico pesado y calles estrechas sin problemas y ninguna parcela de camping era demasiado pequeña. Además del habitáculo era esto de la cama alcoba. Parecía que cuanto más viejos nos hacíamos más arriba iba a parar la cama. Teníamos que empezar ahora a subir a la cama un cuarto de hora antes que cuando la célula vivienda era nueva para estar en el lugar a tiempo. Lo que necesitábamos, condiderábamos, era un vehículo de recreo con una cama baja fija que no requiriera escalada para llegar al lugar. Teníamos tres opciones, caravana, “quinta rueda” o autocaravana.

Nuestra pickup podía sin problemas remolcar una Fifth Wheel (caravana “quinta rueda”) considerablemente grande . Nuestro plan era comprar una de estas. Pero la providencia nos llevó en otra dirección. Anteriormente habíamos comprado una autocaravana que formaba parte de un programa de alquiler.
Una pura inversión. La empresa que vendió la autocaravana cuidaría de que estuviese alquilada y de esa manera nos diese rendimiento del capital. La planificación no funcionó. Nos retiramos (del programa) y nos llevamos la nueva autocaravana con nosotros. De esta manera no resultó en ninguna “quinta rueda” para nosotros. Un golpe de suerte, se mostró.

La autocaravana era realmente excelente. Una historia compacta con todas las facilidades. Aparentaba de hecho como que evitaríamos remolcar detrás de ella algo a lo largo de los carreteras nacionales. Había todo, inodoro de descarga, cocina, dormitorio con cama baja. También había una cama en alcoba. Pero tuvo que hacer servicio como espacio de estiba. Recuerdo que directamente reservé sitio para mis palos de golf. Sólo para entender que no funcionaba cuando aceleraba en un semáforo en rojo y los palos se precipitaban fuera de la bolsa directamente a mi cabeza. No recuerdo mucho más aparte de que los palos de golf son muy duros y sorprendentemente pesados en un extremo.

Nuestra primera alegría de evitar tener algo en el remolque se frustró rápidamente. ¿Cómo se va a poder salir de viaje durante varios meses y acampar sin tener un coche consigo? Habíamos utilizando ahora la autocaravana para algunas excursiones más cortas/en las cercanías y simplemente no era un vehículo con el que se iba a la tienda de comestibles. Tampoco era muy apta para/con la que ver los lugares de interés/atracciones turísticas locales. El desconectarse de las facilidades del camping cada vez resultaría rápidamente irritante. Además no era la autocaravana tan pequeña que pudiera aparcar en cualquier lugar.

No fue sino hasta que compramos un Geo Tracker usado de tracción a las cuatro ruedas, en Europa se llamaba Suzuki Vitara. Así que ahora, del todo inesperadamente, teníamos un coche en el enganche/bola de remolque cuando íbamos a través del país. Dejadme ahora decir una cosa. Cuando la gente dice que compró caravana para evitar remolcar por ahí un coche adicional, quiero decir que no importa si el coche remolca la casa o la casa remolca el coche. Tú aún remolcas un vehículo adicional.

Una de las razones por las que escribí que la autocaravana fue un golpe de suerte en comparación con una “quinta rueda” tiene que ver con cuando llegas a tu destino. Si llueve, puedes aparcar la autocaravana, cenar, ver la televisión e ir a la cama sin tener que salir a la lluvia. Si posees en cambio una caravana tienes que salir fuera. En tiempo frío está la autocaravana caliente después del viaje, rara vez es el caso con la caravana.

Con nuestro pequeño coche de tracción en las cuatro ruedas tuvimos gran alegría en nuestro viaje a Arizona, donde viajamos durante varios días por carreteras secundarias bien lejos en la naturaleza.

La autocaravana tenía un Ford diesel de 7.3 litros** bajo el capó. Aún así parecía que nos faltaba fuerza cuando íbamos a ascender por las montañas de Wyoming e Idaho. Un monte en Idaho fue el test final para la autocaravana. Habíamos subido por carretera en Teton Pass varias veces antes con nuestro equipaje de camper/célula-pickup sin problemas.

Pero ahora era diferente. Iba cada vez más y más lento. En un motor de gasolina es simplemente reducir la velocidad (“saltos de marcha”) y seguir pisando el acelerador. Con este motor no funcionaba ni el poner en 1ª marcha. El motor sólo exclamaba un resignado “blah”. Una mirada al espejo retrovisor nos dio el motivo. La carretera detrás de nosotros estaba llena de humo negro, tan denso que no veíamos más allá de nuestra propia popa. El problema era que el motor a esta altura sufría de ‘anoxia’ aguda (falta casi total de oxígeno). De todos modos llegamos finalmente a la cima. Pero yo sabía que teníamos que solucionar este problema tan pronto como estuviésemos de vuelta en casa.

Busqué algo que pudiese dar al motor un impulso de oxígeno. Encontré un anuncio de un turbo de Bank que se adaptaría. Unas semanas más tarde llegó un pesado paquete que incluía lo que necesitaba para transformar nuestro lento diesel a un compañero de viaje significativamente más rápido.

Durante dos semanas estudié las instrucciones, una y otra vez, antes de que me atreviera a meter mano en el proyecto. La autocaravana era nueva y estaba un poco dudoso de quitar componentes del motor y sustituirlos por otros. No menos porque era difícil de ver lo que hacía. Tuve que tumbarme panza abajo y estirarme en la oscuridad tan lejos como alcanzaba y trabajar a ciegas. 

Estuve entre otros obligado a desmontar el lado de la bomba de inyección, girar noventa grados un tornillo de hexagonal interior que no podía ver – ni más ni menos que noventa grados. El tornillo se negó. Me puse sudoroso y me salieron ampollas en la mano de la llave Allen. Pero el tornillo no se dio por vencido. Así súbitamente se aflojó con un golpe y giró. Mi pelo se puso de punta de puro terror. Era importante que se girara exactamente noventa grados. De lo contrario, el motor podía dañarse. ¿Cómo podía yo ahora saber lo mucho que se había movido? El resto del trabajo fue trabajoso pero no igual de lleno de miedo mezclado con emoción. Después de una semana de trabajo intensivo estaba el turbo en su lugar.

Alkovbilen_J._S.

Unas semanas después salimos de viaje hacia Yukon en el norte de Canadá, una ida y vuelta de 2000 millas. Una prueba de fuego que mostró que mi operación fue exitosa. En pendientes pronunciadas podíamos oír al turbo bombear aire adicional y sentíamos cómo se encargaba de tomar la tarea sin quejarse. Volvimos de hecho a Teton Pass y el coche subió amablemente en la 2ª marcha sin vacilar, humear o sobrecalentarse. ¡Qué diferencia!

Toda lo divertido llega a su fin. Lo pasamos bien con nuestra primera autocaravana, pero había algunas deficiencias que no podíamos tolerar a la larga. No había ningún sofá, después de un largo día al volante quería yo estirarme y descansar. En esta autocaravana tenía que conformarme con un sillón, no una solución ideal. También la cama era un problema. Estaba alzada en una esquina con una sola entrada y salida. Hacer la cama era laborioso, había que estar con las rodillas en la cama al mismo tiempo que la sábana debía extenderse. Una tarea mucho más difícil de lo que suena. Decidimos cambiar la autocaravana a una integral.

En el siguiente capítulo: Lo bueno y lo malo.

[HUSBILEN TEST  Nr 6 l 2010 / VÅR MAN I VÄST / “Jakten på det perfekta fritidsfordonet – Del 5 av 6, Husbilseran inleds”]

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