La búsqueda del vehículo de recreo perfecto – Parte 1 de 6

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Érase una vez, en un mundo que se siente muy lejos, que a mi esposa y a mi nos entraron ganas de un vehículo recreativo. El anhelo provenía del hecho de que el verano anterior habíamos acampado en tienda de campaña en las Smoky Mountains*. Llovía todos los días. La tienda de campaña era montada empapada y desmontada empapada todos los días. Una noche de tormenta brotó el agua abajo de una pared de montaña, murmuró hola en su camino a lo largo de los sacos de dormir y salpicó adiós cuando manaba a través de la abertura de la tienda.

Así fuimos introducidos a lo maravilloso que es acampar en tienda de campaña. Cada vez que encendíamos la lámpara de queroseno -‘stormlykta’/’lámpara tormenta’ en sueco-  atraía el vapor de agua de la lona de la tienda de campaña secándose a bomberos de cerca y de lejos. En aquellos tiempos se usaban barras de techo con ventosas que se adherían en el techo del coche. Se acumulaba tanto barro y arena en las copas de succión que después de las vacaciones teníamos ocho círculos perfectos en el techo donde el lacado había sido desgastado.

Después de aquel viaje, decidimos que se acabó el acampar en tienda de campaña por nuestra parte. Queríamos subir arriba del terreno, de manera que al menos tuviésemos la oportunidad de mantenernos secos.

La elección recayó en un remolque tienda de campaña/tent trailer. Y entonces quiero decir remolque tienda de campaña en el verdadero sentido de la palabra. Era definitivamente un remolque tienda de campaña. Yo nunca había visto algo similar, ni antes ni después. Era un remolque normal, algo tal como lo que utilizas para por ejemplo transportar tu cortadora de césped a bordo cuando necesita ser reparada. Dos tableros de madera contrachapada/plywood se plegaban y formaban tapa. Cuando era hora de acampar plegabas los tableros y los apoyabas con cuatro patas. En la plataforma  que se formaba montabas una tienda de campaña que era como a medida para adaptarse a la plataforma. Una muy buena idea que proporcionaba un lugar seco de alojamiento encima del terreno. Era una construcción sencilla, no mucho podía fallar. Era también fácil remolcarla detrás del coche. Estábamos muy contentos y usamos el remolque tienda de campaña un par de años. Pero más tarde decidimos actualizarnos a un remolque tienda de campaña Coleman construido en fábrica.

Este Coleman era todo menos lujoso. Tenía fantásticos ”pull-outs”/”extraíbles” manuales en cada extremo y para montar la tienda necesitábamos sólo acurrucarnos adento y presionar hacia arriba el techo, así teníamos un espacio maravilloso con dormitorio en cada extremo. Con tres niños pequeños era esto lujoso. Una pequeña cocina de gas nos equipaba con posibilidades de cocinar y un cierto grado de calor. Era un pequeño remolque ligero que era un juego de niños el remolcar. Cruzamos tanto Canadá como EE.UU. varias veces con él a remolque.

crater lake

Recuerdo que una noche sin embargo deseé algo más sustancial que las ondulantes paredes de lona . Acampamos al borde del lago Crater** en Oregon. Después de caer la noche oímos ruido afuera. Al parecer un oso había encontrado su camino al camping, nada raro en eso. Se intentó ahuyentarlo golpeando con tapas de cazuelas y similares. El oso se retiró lentamente. Hasta que se detuvo en un árbol junto a nuestro remolque tienda de campaña. Cansado de todo el ruido decidió el oso trepar al árbol. Ahora estaba justo al lado de mi lugar de dormir en el remolque tienda de campaña. La delgada tela nos permitía oír cada jadeo, raspado con garras contra el árbol y gruñidos que el oso lanzaba. Era como si estuviese en la tienda con nosotros.

Durante la noche trepó cada vez más arriba en el árbol, se torcía y daba vueltas sobre sí mismo. Rompía pequeñas ramitas cada vez que se movía. Ramitas que traqueteando caían  abajo sobre nosotros y nos recordaban la presencia del oso.

black-bear-crater lake

craterlakeinstitute.com/crater-lake-news/black-bear-census-2009.htm

Por la mañana pensé que obtendría una buena foto del oso. Así que cuando llegó el amanecer salí furtivamente con la cámara. Justo a tiempo para reunirme con el señor oso en su camino hacia abajo del árbol. Cuando llegó al suelo estiró el cuerpo, que seguro estaba rígido después de haber pasado la noche como un pájaro en un árbol y comenzó a trotar a ritmo pausado.

Junto a nosotros había llegado tarde una pareja al camping. Debieron probablemente de haber estado demasiado cansados para montar su tienda de campaña y durmieron bajo las estrellas en sacos de dormir.

El oso vagó tranquilo directamente hacia ellos, pasó por encima de ellos sin despertarlos y desapareció en el bosque. Puedo todavía pensar en cómo la pareja habría reaccionado si se hubiesen despertado cuando la piel marrón del oso pasaba sobre sus rostros? Quedaron de todos modos sorprendidos y un poco en estado de shcok cuando les contamos lo que había ocurrido.

Unos años más tarde me puse ansioso por volver al banquillo de la escuela y completar con algunos estudios universitarios. Ya que nuestra universidad local no ofrecía ningunos cursos de verano relevantes, decidí llevarme conmigo a mi familia a Calgary, a sólo 60 millas de casa (1 milla sueca = 10 km > 60 millas > 600 km).
Vivíamos en nuestro pequeño remolque tienda de campaña y estábamos muy satisfechos con la vida, hasta que vi “Esa” aparcada en un camping. “Esa” era un gran caravana de cinco metros. O, más bien, era enorme en mis ojos. De repente se sintía
nuestra tienda remolque anticuada, primitiva y muy pequeña. Teníamos sólo que tener esta fantástisca, nueva, caravana. En especial porque mi mujer tenía que pasar todo el verano en un camping con tres hijos.

chrysler_newport_1966

Una de las primeras fotos de nuestra querida, pero pesada, caravana. El coche está recién comprado, un Chrysler Newport 1966 con un montón de polvo bajo el capó. El coche anterior era demasiado débil y tenía una tendencia a recalentar el motor y los frenos cuando iba cuesta abajo.

chrysler_newport_1968--

La foto está tomada el año 1968. Ahora estábamos acostumbrados a vivir en la caravana. El coche es todavía un Chrysler Newport, pero  ahora un 1968. Acostumbrábamos cambiar cada año en aquellos tiempos.

Nunca podéis imaginaros cómo se sintió para nosotros el entrar en nuestra caravana, con paredes sólidas, ni una lona de tienda en ninguna parte, sentarnos en un ancho sofá que era convertible en una decente cama, si surgiera la necesidad. En la cocina había un frigorífico y  debajo de un armario, un calentador de gas. Era como llegar al reino de los cielos. Calefacción sin encender la cocina… ¡Guau!  (“Wow!)”.

Algunas sorpresas esperaban sin embargo. No podíamos sólo enganchar y largarnos. El coche necesitaba un nuevo bastidor para/en el que fijar la bola de remolque. Y así vino el coste añadido de una regulación de nivel que podía compensar el peso adicional en el tren trasero. Además debían los frenos ser reconstruidos de manera que regularan los frenos eléctricos de la caravana. Con todo arreglado partimos hacia las Rocky Mountains canadienses. Allí aprendimos que las caravanas pesadas ​​tienen malos hábitos… como ser pesadas para remolcar cuesta arriba y difíciles de frenar cuando es cuesta abajo. Fue emocionantemente innecesario ver la aguja de la temperatura apuntar hacia arriba en la estratosfera cuando remolcábamos cuesta arriba una carretera de montaña empinada. Un motor recalentado no era nada que yo veía con optimismo, así que ajusté el controlador de temperatura en el coche al máximo y enfrié de esa manera el motor un poco al permitir que el exceso de calor se ventilara en el coche. Funcionó bien, excepto que mi mujer tuvo que sentarse con los pies en el salpicadero para evitar sufrir quemaduras. También nos dimos cuenta que no era una buena idea dejar que el bote de galletas cubiertas de chocolate estuviera en el suelo cuando la calefacción estaba en marcha.

Todo esto fue aceptado con buen coraje, era parte del precio que tuvimos que pagar por disfrutar de actividades al aire libre en un vehículo de camping. Disfrutamos de nuestra caravana varios años y estuvo bajo árboles de hoja perenne en un montón de campings, desde la costa del Pacífico a la costa este durante nuestros numerosos tours a través del continente.

En el próximo número, parte 2: Caravana y de vuelta al remolque tienda.

[HUSBILEN TEST 02 / 2010 – VÅR MAN I VÄST / “Jakten på det perfekta fritidsfordon Del 1 av 6”]

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